Investigadores en epigenética liderados por Manel Esteller y Eloy Santos divulgaron los resultados de un trabajo centrado en la supercentenaria María Branyas, quien falleció en 2024 a los 117 años. El estudio, recopilado en el libro Historia de una supercentenaria (RBA), analiza múltiples dimensiones —desde la genética hasta la personalidad— para aportar pistas sobre las claves de la longevidad extrema.
Un caso excepcional y un enfoque multidisciplinario
Los autores siguieron a Branyas durante los últimos años de su vida, cuando tenía alrededor de 115 años y era considerada la persona viva de mayor edad en el mundo. Según la investigación, el interés científico radica en comparar a quienes alcanzan edades superiores a los 110 años —denominados supercentenarios— con el resto de la población anciana, con el objetivo de identificar factores biológicos y de estilo de vida que favorezcan una vida larga y, en lo posible, con preservación cognitiva.
Historia de una supercentenaria
El estudio abarca la fisiología, la genética, la microbiota intestinal, el metabolismo y rasgos de personalidad. Esa aproximación integral pretende aportar evidencia sobre qué diferencias biológicas o comportamentales podrían explicar por qué ciertos individuos sobreviven decenas de años más que la media.
Contexto demográfico y probabilidades
La longevidad extrema es poco frecuente: se estima que hoy existen menos de 400 supercentenarios en todo el planeta. Las probabilidades son reducidas incluso entre quienes ya alcanzaron los 100 años: apenas uno de cada mil centenarios llega a sumar otra década de vida, y solo alrededor del 2% de quienes superan los 110 años viven cinco años adicionales.
| Indicador | Valor |
|---|---|
| Edad de María Branyas al fallecer | 117 años |
| Supercentenarios vivos estimados | <400 |
| Probabilidad de centenario que suma otra década | 1 de cada 1.000 |
| % que supera cinco años más a partir de los 110 | 2% |
Qué aporta el estudio y por qué importa
El interés de estudiar casos como el de Branyas es doble. Por un lado, permite avanzar en el conocimiento de mecanismos biológicos ligados al envejecimiento: modificaciones epigenéticas, patrones genéticos o interacciones entre microbiota y metabolismo que podrían estar asociados a longevidad y a conservación de funciones cognitivas. Por otro, plantea preguntas sobre cómo cambiarán las sociedades si la expectativa de vida saludable se extiende: desde los sistemas de salud hasta los modelos de jubilación y los entornos urbanos.
- Metodología: seguimiento longitudinal que combina análisis biológicos con evaluación de rasgos personales.
- Objetivo: identificar factores que expliquen la resistencia al deterioro asociado a la edad.
- Producto: resultados compilados en un libro para difundir hallazgos y reflexiones.
Los autores no proponen una receta única para vivir más, pero su trabajo subraya la importancia de integrar datos clínicos, genómicos y del estilo de vida para comprender el envejecimiento. Desde una mirada práctica, esto abre la posibilidad de diseñar intervenciones más precisas para promover la salud en la vejez.
Para el público general, la investigación ofrece dos enseñanzas claras: la longevidad extrema es rara y probablemente multifactorial; y estudiar a quienes la alcanzan puede ayudar a desarrollar estrategias que no solo aumenten años de vida, sino que mejoren la calidad de esos años.
El libro y los datos que contiene aportan insumos para investigadores y responsables de políticas públicas interesados en anticipar los desafíos asociados a sociedades con mayor proporción de adultos mayores y en diseñar respuestas basadas en evidencia.