La presentación en Madrid de Donde el agua trabaja, la novela que recibió este año el Primer Premio Internacional de Novela Breve Almadía Ventosa-Arrufa, fue cancelada por la organización tras aparecer sospechas sobre el posible uso de inteligencia artificial en su elaboración, algo que no había sido declarado y que está expresamente prohibido en las bases del certamen.
Qué se sabe del texto y del reclamo
Publicada en septiembre, la novela narra la historia de una joven peruana que abandona su comunidad para trabajar en una hacienda vinícola en Ica, donde encuentra condiciones laborales precarias, vigilancia y la sensación de ser reemplazable. En ese marco se desarrolla un vínculo con otra joven migrante y la aparición de una presencia perturbadora en el campamento. El libro había llamado la atención del jurado por su manejo del lenguaje y los silencios.
La obra fue elegida entre más de 2.000 manuscritos por un jurado integrado por Cristina Rivera Garza, Selva Almada y Mónica Ojeda, quienes además habían elogiado el texto.
Origen de la controversia y alcance de la investigación
El conflicto se originó después de una investigación publicada por el diario español El País, que analizó una muestra de 175 obras contemporáneas en español empleando Pangram, un detector especializado en identificar textos generados de forma automatizada. A raíz de esa investigación, la editorial y la organización del premio decidieron suspender la presentación programada en Madrid; también se cancelaron las fechas previstas en Barcelona y Sevilla.
- Premio: Primer Premio Internacional de Novela Breve Almadía Ventosa-Arrufa.
- Selección: elegida entre más de 2.000 manuscritos.
- Investigación: análisis de 175 obras con el detector Pangram.
- Publicación: novela publicada en septiembre.
| Dato | Detalle |
|---|---|
| Manuscritos recibidos | Más de 2.000 |
| Muestra analizada por El País | 175 obras |
| Fecha de publicación | Septiembre |
Implicaciones para autores, editoriales y certámenes
La suspensión pone en primer plano dos tensiones actuales: por un lado, la dificultad de definir y detectar el papel de herramientas de inteligencia artificial en procesos creativos; por otro, la necesidad de que las convocatorias de premios y las editoriales actualicen sus reglamentos y criterios de evaluación para contemplar tecnologías emergentes. En este caso, las bases del concurso prohíben explícitamente el uso no declarado de IA, y la aparición de dudas llevó a la cancelación preventiva de los actos de presentación.
Además, el episodio ocurre en un contexto de debate más amplio sobre cómo etiquetar y valorar la obra literaria en la era digital: algunas iniciativas ya promueven sellos o distinciones para obras creadas con la ayuda de herramientas automatizadas o para señalar la «creación humana», aunque la investigación de El País y la herramienta empleada muestran la complejidad técnica de estos análisis.
Lo que queda por aclarar
Aún no hay información pública sobre el alcance de la comprobación aplicada al libro premiado ni sobre las decisiones que adoptará la editorial o el jurado respecto del galardón. Tampoco se han anunciado pasos concretos para eventuales revisiones del resultado del concurso. Sí está confirmado que las presentaciones en España fueron suspendidas tras la publicación de la investigación que utilizó Pangram.
Este episodio recuerda que la incorporación de tecnologías al trabajo creativo exige transparencia y normas claras. Para lectoras y lectores interesados en literatura contemporánea, plantea una pregunta práctica: ¿cómo distinguir el valor estético y ético de una obra cuando los procesos de producción se vuelven híbridos entre lo humano y lo automatizado? Mientras se esperan aclaraciones oficiales, el debate sobre la convivencia entre creación literaria y herramientas digitales continuará en el centro del circuito editorial en español.
Como recomendación para quienes editan o postulan obras a concursos: revisar las bases y declarar con precisión las herramientas empleadas, y para jurados y editoriales, avanzar en protocolos técnicos y éticos que permitan resolver dudas sin dañar innecesariamente carreras emergentes ni la confianza pública en los procesos de selección.