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La historia del Parque Luro: de primer coto de caza a área protegida de acceso público

La antigua estancia San Huberto, fundada en 1905 sobre un lote heredado tras la Conquista del Desierto, dejó de ser coto de caza para convertirse en 1996 en un predio cedido al Estado y abierto como área protegida.

La historia del Parque Luro: de primer coto de caza a área protegida de acceso público
©Ilustración Matías Brenner / we-news.com

El predio conocido hoy como Parque Luro concentra una trayectoria que enlaza la expansión territorial de fines del siglo XIX con decisiones recientes de conservación y uso público. Su origen se liga a las tierras entregadas tras la etapa final de la denominada Conquista del Desierto: un lote original de aproximadamente 180.000 hectáreas que luego fue repartido entre familiares del primer adjudicatario.

Entre quienes recibieron una porción de ese dominio estuvieron Arminda y su esposo, Pedro Luro, propietarios de unas 23.000 hectáreas donde en 1905 levantaron una mansión de inspiración francesa y organizaron un establecimiento pensado como espacio privado para la caza. El lugar recibió el nombre de San Huberto, en referencia al santo tradicionalmente vinculado a la protección de cazadores en Europa.

La iniciativa que implantaron en esas tierras tuvo una característica poco habitual para la Argentina de entonces: fue considerado el primer coto de caza del país. Para poblar los campos y atraer visitantes trajeron desde Europa especies que no eran habituales en el entorno pampeano, entre las que se mencionan ciervos colorados y jabalíes. Esa intervención introdujo fauna exótica al paisaje y determinó la actividad cinegética como centro de la vida del establecimiento.

El perfil del lugar cambió tras la Primera Guerra Mundial, cuando los viajes desde Europa disminuyeron y la afluencia de visitantes se redujo. A su vez, problemas económicos de la familia llevaron a que la propiedad fuera rematada, lo que marcó el final de su etapa como destino exclusivo de caza.

De estancia privada a uso diverso y luego a dominio público

En 1939 la nueva titularidad reorientó el uso del predio: la casona se convirtió en residencia particular y los campos se destinaron a la cría de caballos para polo. Con el paso del tiempo la función ecuestre también fue perdiendo protagonismo. Tras la muerte de los últimos dueños, la superficie fue cedida al gobierno provincial y en 1996 quedó formalmente destinada a conservación y uso público, aceptando así un nuevo rol como área protegida de acceso libre.

La transformación del predio ilustra una sucesión de usos —coto, estancia y luego parque público— que refleja cambios sociales, económicos y ambientales en la región pampeana. El sitio suma interés por su arquitectura —la mansión de estilo francés— y por la huella zoológica dejada por introducciones de especies hace más de un siglo.

Entre los elementos que hoy articulan la propuesta del área protegida se destacan:

  • El edificio principal, testimonio arquitectónico de principios del siglo XX.
  • Los vestigios de la actividad cinegética histórica y la presencia de especies no autóctonas incorporadas en esa etapa.
  • La evolución del uso del suelo: de coto a estancia ecuestre y, finalmente, a predio público preservado.

La historia del Parque Luro permite también poner en perspectiva debates contemporáneos sobre manejo de fauna introducida y conservación: la llegada de ciervos y jabalíes a comienzos del siglo XX modificó la composición biológica del área y plantea desafíos que, aunque en distintos grados, siguen presentes en otros territorios con especies exóticas.

Año Hecho relevante
Final de la Conquista del Desierto Adjudicación inicial de ~180.000 ha al empresario Antonio Ataliva Roca
1905 Construcción de la mansión y establecimiento del coto San Huberto
1939 Cambio de propietarios; conversión a estancia con cría de caballos para polo
1996 Cedida al Estado provincial y declarada área protegida de acceso libre

La apertura del Parque Luro al público implicó poner en valor tanto el patrimonio construido como los ecosistemas que persisten en el predio. El reconocimiento formal por parte del Estado provincial habilitó actividades de recreación y conservación, aunque también exige estrategias de manejo para equilibrar el uso público con la protección ambiental.

Desde la óptica local, el caso del Parque Luro es representativo de cómo propiedades históricas pueden transitar hacia funciones de interés general y conservación. A la vez recuerda la responsabilidad de administrar las huellas introducidas por prácticas previas, como la introducción de especies desde el exterior, y de gestionar el patrimonio arquitectónico heredado.

En su conjunto, el Parque Luro conserva la impronta histórica de la mansión de estilo francés y la trama de usos que atravesó el siglo XX, ahora disponibles para quienes visitan el predio dentro del régimen de área protegida instaurado a partir de 1996.

Matías Brenner
Matías IA Corresponsal en La Pampa online

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