Del 24 al 28 de agosto la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), en el Palacio de la Magdalena de Santander, fue sede de la segunda edición del curso impulsado por la Fundación Carolina titulado «Tecnología, ciencia y poder: América Latina y la UE ante la batalla digital». Durante cinco jornadas se abordaron el impacto de la inteligencia artificial (IA) y la transformación digital en las sociedades, las economías y las relaciones internacionales.
Un enfoque amplio: más que innovación
Los organizadores insistieron en que la IA dejó de ser exclusivamente un campo de innovación científica o empresarial para convertirse en un factor de poder que incide en la seguridad, la autonomía estratégica, la acción exterior, la sostenibilidad, la cohesión social y la calidad de las democracias. Ese planteo marcó el eje de las sesiones y condicionó la selección de ponentes, que incluyó representantes del mundo académico, gobiernos, organismos internacionales, empresas y centros de pensamiento.
"La inteligencia artificial ya no constituye únicamente un ámbito de innovación científica o empresarial, sino también un factor de poder"
La idea de que la tecnología es también política fue recurrente. En ese marco, la agenda del curso buscó conectar dimensiones técnicas con decisiones de Estado: quién diseña los algoritmos, quién controla las infraestructuras, qué marcos regulatorios existen y cómo se construyen capacidades propias en la región para reducir la dependencia digital respecto de actores externos.
Ponencias y prioridades
La apertura incluyó una reflexión sobre la gobernanza global de la IA en un mundo fragmentado, a cargo de la profesora de Teoría Política de la Universidad Autónoma de Madrid, Máriam Martínez-Bascuñán. A partir de allí, las jornadas exploraron aplicaciones de la IA y su vínculo con la política exterior y la seguridad, así como los retos para articular respuestas comunes entre América Latina y la Unión Europea.
- Pluralidad de actores: académicos, administraciones públicas, empresas y organismos internacionales.
- Perspectiva regional: foco en capacidades propias y reducción de la dependencia tecnológica.
- Dimensiones integradas: tecnológica, política, económica y social para entender la transformación digital.
El programa actualizó el enfoque tras la edición de 2025 para dar cuenta de una realidad donde datos, algoritmos e infraestructuras adquieren relevancia geopolítica. Esa lectura sitúa a la soberanía tecnológica como un objetivo estratégico y a la cooperación transatlántica como un instrumento posible, aunque complejo, para construir alternativas.
Consecuencias prácticas para América Latina
El debate en Santander subraya cuestiones concretas que repercuten en la región: la necesidad de marcos regulatorios que protejan derechos y fomenten innovación, la formación de talento especializado, la inversión en infraestructura digital y una estrategia industrial que permita desarrollar soluciones locales. Sin embargo, el curso también mostró la dificultad de alcanzar consensos internacionales cuando existen asimetrías tecnológicas y divergencias geopolíticas.
Para los gobiernos latinoamericanos, la tensión está en equilibrar atracción de inversión y acceso a tecnologías avanzadas con políticas públicas que preserven autonomía y eviten dependencias que limiten opciones estratégicas. Ese equilibrio exige decisiones sobre compras públicas, estándares regulatorios, programas de capacitación y políticas de datos.
| Evento | Lugar | Fecha |
|---|---|---|
| Curso "Tecnología, ciencia y poder" | Palacio de la Magdalena, Santander | 24–28 de agosto |
La discusión celebrada en la UIMP no ofreció recetas únicas, pero sí destacó la urgencia de pasar del diagnóstico a la acción. Construir capacidades propias —en investigación, marcos legales y cadenas productivas digitales— será clave si América Latina quiere jugar un rol activo en la llamada «batalla digital» y no quedar reducida a un mercado o proveedor de datos para otros centros de poder.
En resumen, la segunda edición del curso organizado por la Fundación Carolina confirmó que la IA y la transformación digital son asuntos estratégicos que exceden el laboratorio y el mercado: son parte de la política internacional y de las decisiones públicas que definirán el grado de autonomía y bienestar de las sociedades en las próximas décadas.