Dentro del Parque Nacional Los Alerces, la Escuela N° 25 de Villa Futalaufquen sostiene desde 2006 un proyecto educativo y ambiental que hoy se traduce en más de 32.000 árboles plantados. La iniciativa, llamada Vivero Niños del Lago, involucra a los 38 alumnos del establecimiento —desde nivel inicial hasta la secundaria— y a sus familias en la producción de plantas nativas destinadas a recuperar bosques dañados por incendios.
Origen y continuidad
El proyecto nació tras un incendio en marzo de 2005 que arrasó alrededor de 40 hectáreas próximas a la escuela. A partir de esa experiencia, docentes, familias y estudiantes se organizaron para producir ejemplares autóctonos con el objetivo de reforestar zonas afectadas y, al mismo tiempo, incorporar prácticas de cuidado ambiental al currículo escolar. Desde entonces, la actividad se mantuvo de forma continua y se transformó en una pieza central de la vida institucional.
Cómo funciona el vivero escolar
Todos los grados participan en distintas tareas: siembra, trasplante, riego y, finalmente, plantación en los sitios que requieren recuperación. El responsable del proyecto es el docente Luis "Pela" Almendra, que organizó el trabajo comunitario y la articulación con guardaparques y brigadas. La participación familiar acompaña el proceso, desde la recolección de semillas hasta las salidas de plantación.
“Los brigadistas terminan siendo nuestros héroes”, dijo Almendra sobre la relación entre la escuela y quienes combaten los incendios.
Ámbitos de intervención
Además de las plantaciones dentro del parque, el vivero entregó ejemplares a otras escuelas y colaboró en espacios públicos de Esquel y Trevelin. También participaron en intervenciones en zonas que sufrieron incendios en Cholila, Epuyén y Lago Puelo. La producción local de plantas nativas permite responder con rapidez y evitar el uso de especies exóticas que alterarían los ecosistemas.
| Concepto | Dato |
|---|---|
| Inicio del proyecto | 2006 |
| Estudiantes involucrados | 38 (nivel inicial a secundario) |
| Árboles plantados | +32.000 |
Impacto educativo y ambiental
La experiencia combina aprendizaje práctico con servicio comunitario: los alumnos incorporan conocimientos sobre botánica, manejo de viveros y restauración ecológica, mientras que la comunidad se beneficia de la recuperación de sitios degradados. El proyecto es un ejemplo de cómo una escuela rural puede articular la enseñanza formal con la respuesta a problemáticas ambientales locales.
Retos y sostenibilidad
Los desafíos son múltiples: la recurrente presencia de incendios en la región, la necesidad de recursos para mantener el vivero y la continuidad institucional a largo plazo. La colaboración con guardaparques y brigadistas es clave para coordinar plantaciones en terrenos públicos y priorizar áreas que requieren restauración urgente.
- Participación intergeneracional: alumnos, familias y docentes trabajan juntos en cada etapa.
- Colaboración con instituciones: guardaparques y brigadas facilitan el acceso a zonas afectadas.
- Multiplicación del impacto: donaciones a otras escuelas y plantaciones en ciudades cercanas.
Qué significa para la comunidad
Para los habitantes de Villa Futalaufquen, el bosque no es sólo paisaje: es parte de la casa y de la vida cotidiana. La pérdida de ejemplares por incendios repercute en la economía local y en la identidad comunitaria. Por eso, la actividad del vivero escolar se percibe como una respuesta concreta y cotidiana a esa vulnerabilidad: plantaciones que, con el tiempo, se traducen en estructura del bosque y en refugio para fauna nativa.
La continuidad del proyecto demuestra que la educación puede ser motor de acción ambiental sostenida. En un contexto de aumento de incendios forestales, iniciativas como el Vivero Niños del Lago muestran cómo la articulación entre escuela y comunidad contribuye a la recuperación y preservación de los ecosistemas patagónicos.