Los resultados definitivos del Censo 2022 revelan en Santa Cruz una ruptura pronunciada en las trayectorias formativas de los jóvenes: mientras el 94% de quienes tienen entre 15 y 17 años asisten a un establecimiento educativo, ese porcentaje se reduce a 46% en el tramo de 18 a 24 años. Es decir, más de la mitad de los jóvenes en ese rango etario no cursaba estudios formales al momento del relevamiento.
Un quiebre inmediatamente después de la secundaria
Los datos muestran que la asistencia educativa se mantiene en niveles muy elevados durante la escolaridad obligatoria: 98% entre los 6 y los 11 años y 97% entre los 12 y los 14. Esa continuidad se mantiene hasta los 17 años, y a partir de los 18 años aparece una caída brusca.
| Grupo etario | Porcentaje que asiste a un establecimiento educativo |
|---|---|
| 6–11 años | 98% |
| 12–14 años | 97% |
| 15–17 años | 94% |
| 18–24 años | 46% |
| 25–29 años | 22% |
El cambio más significativo ocurre inmediatamente después de la edad en la que, en condiciones habituales, se completa la escuela secundaria. Entre los 25 y los 29 años la proporción que asiste a instituciones educativas desciende aún más, hasta el 22%.
Interpretar el dato con cautela
Los resultados, aunque contundentes, requieren una lectura matizada. El hecho de que un joven no figure como alumno en el Censo no implica automáticamente que esté desempleado o inactivo. El informe señala expresamente que dentro del 54% que no estudiaba entre 18 y 24 años pueden encontrarse personas que:
- trabajan (en relación de dependencia o por cuenta propia);
- están buscando empleo;
- realizan tareas de cuidado no remuneradas;
- ya completaron alguna formación o se dedican a actividades independientes;
- o se encuentran en situaciones transitorias no registradas por la estadística educativa.
Por esa razón, los datos por sí solos no permiten afirmar que esa porción de jóvenes “no estudia ni trabaja”; para conocer cuántos están efectivamente fuera del mercado laboral es necesario cruzar la información educativa con los registros laborales y de ocupación.
Qué preguntas abre el corte a los 18 años
La caída plantea interrogantes sobre las oportunidades disponibles para quienes terminan la secundaria en Santa Cruz: ¿cuántos acceden a la universidad o a tecnicaturas? ¿qué proporción ingresa a programas de formación profesional, cursos de oficios o emprendimientos? ¿hasta qué punto las particularidades regionales —dispersión poblacional, costos de traslado o disponibilidad de oferta educativa— influyen en la decisión de continuar estudios?
El dato del Censo ofrece un punto de partida para políticas públicas que apunten a sostener la permanencia en el sistema educativo o facilitar transiciones combinadas entre estudio y trabajo, pero no aporta por sí mismo las respuestas sobre la situación laboral o las capacidades técnicas de los jóvenes.
Próximos pasos: datos y políticas
Para diseñar intervenciones eficaces, las autoridades educativas y las áreas de empleo deberán cruzar estas estadísticas con otras fuentes —encuestas de ocupación, registros de empleo formal, programas de formación y datos sobre movilidad estudiantil—. Esa articulación permitirá identificar grupos vulnerables, brechas territoriales y las barreras más frecuentes (económicas, de infraestructura o de oferta formativa) que dificultan la continuidad educativa tras la secundaria.
Mientras tanto, el primer hallazgo es claro: hasta los 17 años estudian 94 de cada 100 jóvenes santacruceños; después de los 18, apenas 46. Esa fractura obliga a repensar estrategias que conecten la finalización de la escolaridad obligatoria con opciones educativas y laborales viables en la provincia.