El golpe más inmediato para los hogares se nota en la billetera y en las decisiones de consumo: cuando el desempleo asoma como la principal preocupación, las familias tienden a postergar compras, reducir gastos no esenciales y priorizar ahorros precautorios. Ese es el escenario que dibuja la última edición del Monitor Sociopolítico y Electoral del Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA) de la Universidad de Buenos Aires (UBA), realizada entre el 28 y 31 de julio sobre una muestra nacional de 2.895 personas.
Percepciones generales y efecto en el consumo
El relevamiento muestra un fuerte pesimismo: el 59% de los consultados calificó la situación económica del país como mala o muy mala, frente a apenas el 19% que la consideró favorable. A nivel personal, el 41% describe su economía doméstica como mala o muy mala, mientras que el 34% la evalúa favorablemente. Esa percepción íntima se traduce en comportamientos concretos —ahorro precautorio, menor gasto en ocio y bienes durables— que reducen la demanda agregada.
Qué preocupa primero
El desempleo figura como la preocupación principal: lo mencionó el 61% de los encuestados. Lo siguen los bajos salarios (57%) y la inseguridad (46%). En el ranking también aparecen la corrupción y las medidas de ajuste del Gobierno (45% cada una); el funcionamiento de la Justicia (43%); la pobreza (39%); la actividad económica (38%) y la falta de educación (37%).
- Desempleo: 61% (principal preocupación).
- Valoración economía nacional: 59% mala o muy mala; 19% positiva.
- Expectativas sobre el próximo año: 53% no espera mejoras económicas; 35% espera una evolución favorable.
Estos datos muestran que las inquietudes no se limitan al mercado laboral: combinan problemas económicos, sociales e institucionales, y configuran un cuadro que dificulta la recuperación del consumo sin señales claras de mayor empleo o ingresos reales.
Expectativas hacia adelante
La mirada hacia el futuro es igualmente sombría: el 53% cree que la economía no mejorará durante el próximo año y solo el 35% anticipa una evolución favorable. En cuanto a la economía familiar, el 36% espera un empeoramiento y el 33% proyecta una mejora. Al comparar con el mismo período del año anterior, el 54% opina que la economía empeoró y el 30% que mejoró.
| Indicador | Porcentaje |
|---|---|
| Considera la economía nacional mala o muy mala | 59% |
| Califica su situación económica personal como mala o muy mala | 41% |
| No espera mejoras económicas en el próximo año | 53% |
Percepción política y social
El malestar se extiende hacia la política y la esfera social: el 56% de los encuestados considera la situación política como mala o muy mala, mientras que el 60% tiene una valoración negativa del escenario social. Sólo un 30% y un 20%, respectivamente, mantienen evaluaciones positivas en esos planos.
"Los resultados muestran que las principales preocupaciones están vinculadas tanto con el mercado laboral y el poder adquisitivo como con problemas sociales e institucionales", reportó el informe del OPSA-UBA.
El diagnóstico del sondeo implica desafíos concretos para la gestión económica: mejorar el empleo y el poder adquisitivo es condición para que las percepciones cambien y el consumo recupere dinamismo. Sin señales claras de creación de empleo formal o aumentos de salarios reales, la demanda permanecerá contenida y la expectativa negativa puede retroalimentar la menor actividad.
Además, la coexistencia de preocupaciones económicas e institucionales —corrupción, Justicia, inseguridad— complica la política económica: la confianza es un insumo clave para inversiones y decisiones de gasto. En ausencia de mejoras visibles, la encuesta sugiere que el pesimismo podría mantenerse y seguir condicionando tanto el consumo como el clima político en el tramo previo a las elecciones.