San José del Fragua, Caquetá. A los cuatro años fue secuestrada; a los 26 regresa a los territorios que marcaron su infancia para enfrentar las consecuencias físicas y sociales que dejó el conflicto armado: minas antipersonal enterradas en fincas, veredas y caminos rurales.
Memoria, desplazamiento y sobrevivencia
Cierra los ojos y la primera imagen es la de campesinos amontonados; otra, la de hombres armados; una más, pupitres y pizarras cubiertas de tiza. Así describe Dewadhy Zuliem Melo los fragmentos que aún persisten de su secuestro, ocurrido en 2003 en la vereda La Esperanza, ubicada en el municipio de San José del Fragua, departamento de Caquetá.
“En el año 2003 estuvimos secuestrados con toda mi familia. Tengo presente algunas imágenes, pero hay ciertas cosas que mi subconsciente trata de evadir”.
El episodio se produjo en un contexto de ruptura de los diálogos de paz del Caguán, cuando la población civil quedó atrapada en la disputa territorial entre las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc). De acuerdo con la Vicepresidencia de la República, esa región continúa siendo estratégica para actores armados, ahora incluidas disidencias, por negocios relacionados con el narcotráfico, la extensión de los cultivos de coca y la infraestructura de procesamiento, así como por el control social ejercido sobre las comunidades.
Educación interrumpida y esfuerzos por salir adelante
Tras ser desplazada con su madre y su hermana menor, Dewadhy pasó de casa en casa entre parientes en un pueblo cercano. Su madre trabajó para sostener a la familia mientras las niñas intentaban continuar sus estudios. Los logros académicos fueron acumulándose hasta llegar al diploma de bachiller, pero la opción de estudiar una carrera resultó inviable ante la precariedad económica.
Su madre la impulsó a buscar empleo para contribuir en el hogar y, a la vez, encontrar una alternativa para avanzar en su proyecto de vida. Esa decisión la colocó eventualmente en el camino del desminado, una actividad que hoy ocupa un papel central en la recuperación de territorios afectados por explosivos y artefactos remanentes del conflicto.
El 'boom' del desminado y los retos locales
Aunque la crónica personal de Dewadhy no entrega cifras nacionales, ilustra los retos humanos del desminado: el vínculo entre control territorial armado y economía ilícita, la vulnerabilidad de las comunidades desplazadas y la necesidad de procedimientos técnicos para garantizar el regreso seguro a tierras y vías rurales.
| Acontecimiento | Dato |
|---|---|
| Secuestro | 2003 (cuando tenía 4 años) |
| Edad actual | 26 años |
| Educación | Diploma de bachiller |
La experiencia de personas como Dewadhy muestra por qué el desminado no es sólo una tarea técnica: implica también procesos de reparación y de reintegración social que requieren recursos, acompañamiento psicosocial y garantías de seguridad frente a la persistencia de estructuras armadas.
Medidas prácticas y precauciones
Para comunidades que conviven con el riesgo de artefactos explosivos y desplazamiento, la información pública y la coordinación con equipos especializados son fundamentales. Recomendaciones generales:
- No transitar por áreas no señalizadas o que se identifiquen como peligrosas.
- Reportar hallazgos de artefactos a las autoridades competentes y a los grupos de desminado para su intervención profesional.
- Atender los programas de acompañamiento psicosocial y de reparación para víctimas y desplazados.
- Seguir las indicaciones de los equipos técnicos de desminado y de las entidades estatales responsables de seguridad y derechos humanos.
La historia de Dewadhy es una ventana sobre las trayectorias que millones de víctimas del conflicto aún recorren: desde la violencia extrema del secuestro y el desplazamiento hasta la búsqueda de medios para reconstruir proyectos de vida en territorios marcados por minas y control armado. Sus pasos de regreso a las zonas rojas subrayan la urgencia de combinar labores técnicas de seguridad con medidas integrales de reparación y desarrollo local.