El efecto más inmediato es en las calles y comercios: los consumidores no gastan con la misma fluidez porque prefieren convertir pesos en dólares y retirarlos de la economía cotidiana. Ese comportamiento, según el relevamiento publicado por La Voz, se traduce en menor uso de tarjetas, menos transacciones y dificultades para que las empresas roten stock o incentiven ventas con financiación en pesos.
Por qué importa y cómo se mide
El problema parte de las decisiones del Gobierno y del Banco Central: al mantener la base monetaria sin expansión —principio central del plan económico vigente— se limita la cantidad de pesos en circulación. Cuando el Estado emite para comprar divisas, busca neutralizar ese efecto retirando luego pesos para evitar presiones cambiarias e inflacionarias. El resultado es lo que se conoce como “sequía de pesos”: oferta monetaria para transacciones más ajustada de lo esperado.
El propio presidente del Banco Central, Santiago Bausili, reconoció que la demanda de pesos no respondió como se esperaba al diseñar el programa monetario de 2026. En su última conferencia dijo:
“Un elemento destacado del segundo trimestre es la dinámica de la demanda de dinero. Los agregados monetarios transaccionales comenzaron a mostrar mayor dinamismo a partir de mayo”.
Ese reconocimiento señala dos cosas: por un lado, que el BCRA monitorea recuperos incipientes en la demanda de dinero; por otro, que la mejora aún es insuficiente para revertir la contracción del gasto.
Cifras clave
Del informe citado emergen números que explican la magnitud del fenómeno:
- U$S 12.000 millones fue lo que compraron los argentinos en lo que va del año, sumándose a la liquidez en dólares fuera del circuito transaccional.
- El Banco Central calcula que hay U$S 170.000 millones en manos de argentinos “que no ven la luz del sol”, es decir, inmovilizados y fuera de la circulación cotidiana.
| Concepto | Cifra |
|---|---|
| Compras de dólares en el año | U$S 12.000 millones |
| Dólares estimados fuera de la economía | U$S 170.000 millones |
Qué opciones tiene el Gobierno
Las vías habituales para reactivar la demanda de dinero —emitir pesos, incentivar consumo en moneda local o dolarizar transacciones— se ven limitadas por las reglas del plan económico actual. Al descartar la emisión como herramienta, el Ejecutivo concentra su estrategia en intentar atraer esos ahorros en dólares hacia la economía real. En la práctica, esto implica diseñar incentivos para que los tenedores de divisas las usen en compras o inversiones en lugar de guardarlas.
Varias medidas ya probadas no dieron el resultado esperado: la posibilidad de pagar en dólares, mostrar precios en esa moneda o incluso la opción de percibir salarios en dólares no lograron que la divisa circule con mayor intensidad. Por eso, el Gobierno explora alternativas financieras y de crédito para que los dólares inmovilizados se transformen en gasto o crédito productivo.
Impactos y riesgos
La falta de pesos en circulación afecta la actividad económica de forma directa: menos consumo significa menor facturación para comercios y servicios, lo que se traduce en menos empleo indirecto y más freno a la inversión. Además, si la recuperación de la demanda de dinero no se consolida, la fragilidad del consumo puede prolongarse y complicar las metas macroeconómicas del plan vigente.
Otro riesgo es que, frente a la persistente preferencia por atesorar dólares, el mercado informal y las brechas cambiarias vuelvan a ganar protagonismo, erosionando la confianza en las señales oficiales y reduciendo la eficacia de las políticas públicas.
En síntesis: el desafío para las autoridades es claro y directo —lograr que los U$S 170.000 millones en manos privadas circulen—, pero las herramientas disponibles están acotadas por los compromisos del programa monetario. De no conseguir reactivar la demanda de pesos de manera sostenida, la recuperación del consumo y la actividad podría demorarse por varios trimestres.