La caída de la actividad económica en julio ya se siente en la calle: menos ventas en comercios, obras paralizadas y menor movimiento en el transporte impactan de inmediato en el poder de compra y en la cadena de pagos. Esa contracción mensual puso a los analistas de Wall Street en alerta y obligó a JP Morgan a revisar a la baja su pronóstico para la Argentina en 2026.
El dato que encendió las alarmas
El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) publicó el Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) de julio, que mostró una contracción del 2,9% mensual desestacionalizado respecto de junio y una baja de 1,4% interanual. Ese retroceso es, según el informe de JP Morgan, el más pronunciado desde abril de 2020, durante los meses más restrictivos de la pandemia.
“El peor desempeño desde la pandemia”
Frente a ese escenario, JP Morgan ajustó su previsión de crecimiento para 2026: redujo su estimación de 2,7% a 1,5%. En su análisis, el banco advierte que, si la caída observada en julio se mantiene en los meses siguientes, la economía podría acumular dos trimestres consecutivos con caídas del producto y entrar en lo que técnicamente se considera una recesión.
Qué sectores explican la caída
El informe señala que la contracción no fue homogénea. Los sectores más golpeados en julio fueron la industria, la construcción y el comercio, con retracciones que explican gran parte de la menor dinámica del EMAE. JP Morgan subraya además que la evolución por ramas muestra diferencias relevantes entre actividades orientadas al mercado interno y aquellas con fuerte componente exportador.
- Industria manufacturera: retrocesos significativos en producción y demanda interna.
- Construcción: paralización de obras y caída en la inversión privada.
- Comercio: caída de ventas mayoristas y minoristas impactando la cadena de pagos.
El banco también destacó que algunas actividades vinculadas a la exportación, como la minería o la producción energética, pueden sostener la producción agregada sin necesariamente traducirse en mayor consumo interno. Esa composición del crecimiento explica por qué un incremento en ciertas exportaciones no revierte automáticamente la caída del comercio y los servicios locales.
Cómo se llega a la proyección revisada
JP Morgan había estimado inicialmente un descenso mensual cercano al 1% para julio; la sorpresa estadística del 2,9% llevó a recalcular la trayectoria anual. Con el resultado de julio, el banco proyecta ahora una contracción anualizada del 4% en el tercer trimestre, lo que profundizaría la debilidad observada en el segundo trimestre.
| Indicador | Valor |
|---|---|
| Variación mensual (desestacionalizada, julio) | -2,9% |
| Variación interanual (julio vs. julio) | -1,4% |
| Proyección JP Morgan para 2026 (antes) | 2,7% |
| Proyección JP Morgan para 2026 (ahora) | 1,5% |
El recorte en la previsión refleja tanto la magnitud de la caída mensual como la posibilidad de que la debilidad de la actividad se extienda en el corto plazo. Una vez descontados factores estacionales, JP Morgan determinó además que la actividad quedó por debajo del máximo alcanzado en marzo de 2026 en alrededor de un 4,5%.
Consecuencias para el consumo y la política económica
Para los hogares, una caída de la actividad con sectores clave en retroceso suele traducirse en menor empleo formal, horas trabajadas y ventas en locales comerciales, lo que complica la recuperación del poder adquisitivo. Para las empresas, la combinación de menor demanda y costos reales volátiles eleva la cautela a la hora de invertir.
En ese contexto, las expectativas macroeconómicas se vuelven más sensibles a la evolución de la inflación, la política monetaria del Banco Central y las decisiones fiscales del Gobierno. Si la economía acumula dos trimestres negativos, el debate sobre medidas de estímulo y ajuste fiscal podría intensificarse tanto en la Casa Rosada como en el Congreso de la Nación.
En síntesis, el fuerte retroceso del EMAE en julio obligó a JP Morgan a recortar su previsión para 2026 y subrayó la vulnerabilidad de la demanda interna: la recuperación dependerá ahora de la capacidad de sostener el empleo y volver a encender el consumo, un desafío que exige señales claras desde la política económica y los mercados.