Con la llegada de la temporada de lluvias y los cambios frecuentes de temperatura, es habitual que aparezcan síntomas como congestión, tos, dolor de garganta o fiebre. Ante la dificultad para diferenciar un resfriado de una infección por influenza o COVID-19, las pruebas rápidas de autodiagnóstico se presentan como una herramienta práctica para obtener información en minutos y tomar decisiones oportunas.
Por qué recurrir a una prueba rápida
Según Guillermo Castillo, Gerente General de Diagnósticos Rápidos en Abbott, las autopruebas pueden ser útiles desde etapas tempranas de la infección. Se recomiendan cuando aparecen síntomas compatibles con COVID-19 o influenza, o cuando existe la sospecha de haber estado expuesto a alguno de estos virus. Castillo enfatiza que estas pruebas resultan especialmente valiosas durante el otoño e invierno, cuando la circulación viral aumenta y se vuelve más difícil distinguir las causas de los síntomas a simple vista.
Precisión y condiciones de uso
El especialista consignado en la nota afirma que las autopruebas de Abbott ofrecen un alto nivel de confiabilidad. En personas con síntomas, Castillo indicó que las pruebas tienen más del 95% de precisión para detectar resultados positivos y 100% para negativos. No obstante, la fiabilidad depende de dos factores clave: elegir el momento adecuado para realizar la prueba y ejecutarla correctamente.
- Realizar la prueba entre 3 y 5 días después de una exposición sospechada o al aparecer síntomas mejora la detección, porque evita un falso negativo por carga viral baja.
- Una correcta técnica de muestra es esencial; un error frecuente es hacer la prueba demasiado pronto luego del contacto con un caso confirmado.
- Identificar el virus puede orientar el manejo clínico y evitar el uso innecesario de antibióticos, que no son efectivos contra infecciones virales.
“Las autopruebas rápidas pueden ser una herramienta clave durante la temporada de otoño e invierno”, dijo Guillermo Castillo.
Qué hacer ante un resultado negativo o positivo
La nota subraya que un resultado negativo no siempre descarta la infección, sobre todo si la prueba se hizo dentro de las primeras horas o días después de la exposición. Castillo recomienda respetar el intervalo de 3 a 5 días tras una posible exposición y realizar la prueba al aparecer síntomas. En caso de un resultado positivo, conocer el agente viral ayuda a definir medidas de aislamiento y el manejo adecuado sin recurrir a tratamientos innecesarios.
| Situación | Recomendación |
|---|---|
| Exposición sospechada | Esperar 3–5 días antes de hacer la prueba |
| Aparición de síntomas | Realizar la autoprueba cuanto antes |
| Resultado negativo temprano | Repetir la prueba si los síntomas persisten o si hubo exposición reciente |
Además de la indicación temporal, el artículo recoge la advertencia sobre la ejecución: una prueba mal aplicada puede reducir su sensibilidad y generar falsos negativos. Por eso, leer las instrucciones del fabricante y seguir la técnica recomendada para la toma de muestra son pasos no negociables.
Implicancias prácticas
Para quienes conviven con grupos de riesgo o trabajan en contacto con personas vulnerables, el uso correcto de las autopruebas constituye una forma ágil de identificar contagios y reducir la transmisión. Identificar si se trata de COVID-19 o influenza también puede evitar la prescripción innecesaria de antibióticos y orientar la consulta médica en caso de necesitar tratamiento específico.
En resumen, las autopruebas son una herramienta válida y confiable si se usan en el momento adecuado y con la técnica correcta: esperar el intervalo recomendado tras una exposición, realizar la prueba al aparecer síntomas y seguir las instrucciones de uso maximiza su utilidad para la toma de decisiones.