Intervenciones no farmacológicas sobre hábitos cotidianos pueden dilatar el período de buena función cognitiva en personas mayores con alto riesgo de demencia, según explicó María Carrillo, directora científica y responsable de asuntos médicos de la Alzheimers Association. Los resultados publicados del programa LatAm‑FINGERS muestran mejoras en la cognición que se sostuvieron durante dos años en el grupo de intervención.
Qué propone LatAm‑FINGERS y qué efectos observó
El programa combina medidas sobre alimentación, actividad física, control de factores cardiovasculares y estimulación cognitiva y social. Carrillo detalló que, aunque todavía no se puede afirmar con certeza que estas conductas detengan la demencia, constituyen “el primer paso” para demorar su aparición y preservar la salud cerebral.
- Componentes del programa: alimentación saludable, actividad física, control del riesgo cardiovascular, estimulación cognitiva y socialización.
- Resultados observados: mejora y mantenimiento de la cognición por dos años en adultos mayores con alto riesgo de demencia.
- Seguimiento en curso: un estudio de seguimiento de cuatro años financiado por la Alzheimers Association para evaluar la adherencia y la permanencia de los beneficios.
“Veremos si la adherencia ayuda y contribuye a sostener el beneficio a largo plazo, algo que hay que terminar de investigar.”
Adherencia: el desafío clave
Carrillo subrayó que la adherencia —es decir, sostener cambios de hábitos en el tiempo— es un problema frecuente en cualquier tratamiento de salud. La intervención social dentro del estudio ayudó a mejorar la adherencia, pero la especialista reconoció que mantener mejoras en alimentación y actividad física es especialmente complejo cuando existen barreras socioculturales o económicas derivadas de trayectorias de vida que no promovieron esos hábitos.
En ese sentido, la investigadora explicó que el seguimiento prolongado financiado por la Alzheimers Association busca precisamente determinar si la continuidad en las estrategias logra prolongar el beneficio cognitivo más allá del periodo observado hasta ahora.
Impacto estimado en salud cerebral
Según Carrillo, en Estados Unidos las estimaciones indican que los cambios sostenidos en el estilo de vida no sólo reducen riesgos cardiovasculares y metabólicos (azúcar en sangre, presión arterial, colesterol, peso) sino que, en el estudio, el grupo con intervención más intensa consiguió mejoras equivalentes a dos a tres años de salud cerebral.
| Elemento | Observación |
|---|---|
| Mantenimiento cognitivo | Mejoras sostenidas por 2 años en adultos mayores de alto riesgo |
| Seguimiento | Estudio de 4 años en curso para evaluar adherencia y efectos a largo plazo |
| Efecto estimado | Equivalente a 2–3 años de salud cerebral en el grupo de intervención más intensa |
Estos resultados son relevantes para las políticas públicas y los equipos de salud que trabajan con personas mayores, porque proponen intervenciones de bajo costo y alcanzables que pueden integrarse en programas de prevención primaria y secundaria del deterioro cognitivo.
Qué puede hacer una persona hoy
Si bien la investigación continúa, las medidas sugeridas por el programa son prácticas y replicables:
- Adoptar una alimentación equilibrada y variada.
- Mantener actividad física regular adaptada a capacidades individuales.
- Controlar factores de riesgo cardiovascular (presión arterial, glucemia, colesterol).
- Estimular la mente con actividades cognitivas y promover la socialización.
Carrillo advirtió que la eficacia a largo plazo dependerá en gran medida de la adherencia y de políticas que faciliten el acceso a entornos y recursos que favorezcan estos hábitos, sobre todo en contextos con desigualdades económicas y culturales. Mientras se espera la conclusión del seguimiento de cuatro años, la evidencia disponible invita a priorizar cambios de estilo de vida como una estrategia complementaria en la prevención del deterioro cognitivo.