La adquisición de autonomía en los primeros años no es un rasgo que surge de golpe: se construye a partir de prácticas cotidianas repetidas y del acompañamiento coherente entre la institución educativa y el hogar. Así lo explicó la doctora María Esther Bernabel Vega, especialista en primera infancia y psicología infantil, en una entrevista realizada en Radio Nacional.
Pequeñas tareas, grandes resultados
Según la especialista, las acciones sencillas —como que un niño identifique su mochila, guarde su ropa o reconozca una prenda del aula— tienen más valor pedagógico del que suelen percibir los adultos. No se trata de completar una lista de obligaciones, sino de permitir que el niño participe de su vida diaria y desarrolle sensación de eficacia personal, un pilar de la autoestima.
- Repetición y rutina: la continuidad entre escuela y hogar incrementa la probabilidad de que una conducta se vuelva hábito.
- Ajuste por edad: las tareas deben ser acordes al nivel de desarrollo del niño; la complejidad no es lo esencial.
- Acompañamiento activo: los adultos guían y sostienen hasta que la acción se integre como práctica autónoma.
Qué puede hacer la familia
Bernabel Vega sostuvo que la responsabilidad educativa es compartida y que el hogar juega un papel central para consolidar lo que se trabaja en la escuela. En ese marco, las familias pueden promover la autonomía mediante la organización de rutinas accesibles, la asignación de tareas pequeñas y la celebración de los logros, siempre cuidando no delegar responsabilidades impropias para la edad.
“La responsabilidad educativa corresponde a la familia y a la escuela.”
Ejemplos prácticos por edad
Para orientar mejor a padres y docentes, pueden considerarse tareas concretas que suelen funcionar en las etapas iniciales de la infancia y que facilitan la internalización de hábitos.
| Edad | Tarea sugerida | Objetivo |
|---|---|---|
| 1–2 años | Colocar la mochila en un casillero o identificar una prenda | Reconocimiento de pertenencias y rutina básica |
| 2–4 años | Guardado de ropa simple, ayudar a ordenar juguetes | Participación en actividades domésticas y cooperación |
| Preescolar | Responsabilidades cortas según indicaciones del docente | Consolidación de hábitos y sensación de logro |
La escuela como socia del hogar
Las instituciones educativas pueden ofrecer pautas y estrategias concretas para ser replicadas en casa: listas visuales, rutinas diarias y expectativas claras y coherentes ayudan a que los niños encuentren continuidad entre los espacios. Además, existen programas y encuentros de "escuelas de familia" en algunos centros —según explicó la nota— que buscan capacitar a padres y tutores para aplicar en el hogar las herramientas que se trabajan con los niños.
El enfoque recomendado enfatiza que el aprendizaje de la autonomía no es un fin aislado sino un proceso relacional: cuando familia y escuela coordinan tiempos, normas y apoyos, aumentan las probabilidades de que las conductas se fijen y que el niño desarrolle confianza en sus capacidades.
Este planteo evita convertir a la autonomía en una moda educativa que promete resultados inmediatos; en cambio, propone intervenciones sencillas, económicas y sostenibles en el tiempo que respetan los ritmos propios de cada niño y priorizan la calidad del acompañamiento.
Para padres y cuidadores que buscan empezar, la recomendación clave es sencilla: elegir una tarea pequeña, repetirla con paciencia y celebrar los progresos. Con ese método se construye, paso a paso, la base de una autoestima sólida y la capacidad para enfrentar responsabilidades futuras.