Cuando las alarmas y el polvo todavía no se disipaban en Colombia tras el sismo del pasado 10 de agosto de 2026, los especialistas apuntaron a un mismo origen: la subducción de placas. Ese proceso —en el que una placa oceánica se hunde y se desliza por debajo de otra— fue señalado como el mecanismo detrás del que ya ha sido calificado como el peor terremoto del siglo en ese país, de magnitud 7.4.
Para muchas personas en México, la noticia encendió preguntas inmediatas: ¿podría ocurrir algo similar aquí? La respuesta, según la Sociedad Geológica Mexicana, es que el fenómeno de subducción ya existe en nuestro territorio y seguirá presentándose, porque México comparte el mismo contexto geológico que provocó el sismo en Colombia.
Qué pasó en Colombia y por qué importa a México
El temblor en Colombia se originó cuando la placa de Nazca, situada en el Océano Pacífico, se introdujo por debajo de la placa sudamericana. Ese tipo de interacción entre placas es precisamente lo que denominamos subducción y es frecuente en los bordes convergentes del llamado Cinturón de Fuego, una franja con alta actividad sísmica y volcánica en el Pacífico.
En México la situación no es idéntica, pero sí comparable: el país se encuentra sobre la placa Norteamericana y limita con varias placas oceánicas —la de Cocos, la de Rivera y la del Pacífico—, por lo que las dinámicas de subducción y los estilos de deformación varían según la región.
"La zona entre Michoacán y Oaxaca podría explicar la laguna sísmica de Guerrero como una zona intersegmento que podría favorecer la ocurrencia de los denominados terremotos lentos y silenciosos"
La cita anterior, destacada por la Sociedad Geológica Mexicana, subraya un punto clave: no todas las zonas actúan igual. Existen áreas donde la acumulación y liberación de energía sísmica ocurre de manera más discreta, con episodios llamados de “terremotos lentos” o tensionamientos que no siempre se traducen en grandes eventos repentinos pero sí configuran riesgos a mediano y largo plazo.
Cómo se traduce esto en riesgo para la población
La explicación técnica tiene traducción directa en la vida cotidiana: el hecho de compartir elementos tectónicos con regiones donde se producen sismos fuertes implica que en México debemos mantener y fortalecer políticas de prevención, infraestructura resistente y comunicación de riesgo. No se trata de alarmismo, sino de entender que la subducción es un proceso natural y persistente.
- Presencia de placas: México está sobre la placa Norteamericana y limita con las placas de Cocos, Rivera y del Pacífico.
- Variabilidad regional: los estilos de deformación entre la placa de Cocos y la Norteamericana difieren de los que se observan entre Rivera y Pacífico.
- Fenómenos lentos: zonas como la intersección Michoacán–Oaxaca podrían actuar como intersegmentos que favorecen eventos menos perceptibles pero relevantes para la acumulación de riesgo.
A continuación, un esquema sencillo que resume las placas mencionadas y su relación con México y Colombia según los especialistas citados:
| Región | Placas relevantes | Implicación |
|---|---|---|
| Colombia | Nazca, Sudamericana, Caribe | Subducción de Nazca bajo Sudamericana ligada al sismo de 7.4 |
| México | Norteamericana, Cocos, Rivera, Pacífico | Presencia de subducción y distintos estilos de deformación según la zona |
La recomendación implícita de la comunidad geológica es clara: conocer el entorno tectónico no elimina los sismos, pero sí permite diseñar mejores estrategias de prevención y respuesta. En el terreno de la sociedad, eso significa invertir en construcción segura, simulacros realistas y divulgación que explique por qué ocurren estos fenómenos y qué acciones concretas deben tomar las familias y las autoridades.
El sismo en Colombia puso de nuevo en evidencia que la actividad tectónica es un asunto regional que cruza fronteras. Para la población mexicana, la lección es doble: reconocer la persistencia de la subducción en nuestro territorio y transformar ese conocimiento en medidas prácticas que reduzcan la vulnerabilidad frente al próximo evento telúrico.