La incorporación de la inteligencia artificial (IA), junto con herramientas de realidad virtual y realidad aumentada, está modificando prácticas de enseñanza, evaluación y generación de conocimiento en la educación superior mexicana. Un diagnóstico reciente pone en evidencia un uso extendido de estas tecnologías entre la comunidad académica, pero también revela diferencias marcadas en la formación docente y desafíos éticos y metodológicos que las instituciones deberán afrontar.
Uso extendido, capacitación irregular
Según la Encuesta Nacional sobre Usos y Percepciones de la Inteligencia Artificial Generativa en la Educación Superior en México (ENIAG 2025), el empleo de herramientas de IA generativa es ya parte de la rutina de buena parte de la comunidad universitaria: 66% de los estudiantes y 60% de los docentes utiliza estas soluciones al menos una vez por semana. No obstante, la formación para integrar estas tecnologías en el aula avanza de forma desigual.
De acuerdo con los resultados, entre el 25% y el 51% de los profesores —según el subsistema educativo— ha recibido algún curso relacionado con IA generativa. Esa variabilidad apunta a brechas en el acceso a capacitación y en la capacidad institucional para acompañar procesos de innovación curricular.
| Indicador | Porcentaje |
|---|---|
| Estudiantes que usan IA generativa semanalmente | 66% |
| Docentes que usan IA generativa semanalmente | 60% |
| Docentes con algún curso sobre IA generativa | 25%–51% |
Implicaciones para la docencia, la evaluación y la ética
El auge de la IA para generar contenidos, procesar información y automatizar tareas revaloriza competencias humanas que las máquinas no pueden reemplazar fácilmente: pensamiento crítico, creatividad y resolución de problemas. En este contexto, las universidades deben repensar:
- Los programas de formación docente para integrar la IA en el diseño instruccional.
- Los métodos de evaluación para asegurar la autenticidad del aprendizaje y evitar dependencias tecnológicas.
- Los criterios éticos sobre uso, privacidad y sesgos en algoritmos y contenidos generados por IA.
“La tecnología está avanzando a una velocidad que obliga a las instituciones a revisar cómo enseñamos, cómo evaluamos y qué capacidades necesitamos desarrollar”, señaló Rocío del Carmen Cuadros, fundadora y directora de EduPraxis Global.
Además de la IA, las tecnologías inmersivas —realidad virtual, realidad aumentada y entornos mixtos— se están incorporando gradualmente para crear experiencias de aprendizaje distintas, desde simulaciones hasta prácticas virtuales. Ese movimiento exige infraestructura, contenidos pertinentes y formación para su uso pedagógico.
Encuentros y agenda para 2026
Las tendencias y necesidades identificadas por la ENIAG 2025 serán eje de trabajo en la segunda edición de EduPraxis Global 2026, una cumbre internacional prevista para el 10 de octubre en la Ciudad de México. El encuentro reunirá a investigadores, docentes, líderes académicos y estudiantes para debatir investigación, innovación y práctica educativa frente a estos cambios tecnológicos.
Para las instituciones de educación superior, el reto inmediato es doble: reconocer y canalizar el uso creciente de la IA entre su comunidad, y diseñar políticas institucionales que aseguren una implementación formativa, equitativa y ética. En el terreno práctico esto implica invertir en formación continua del profesorado, revisar estándares de evaluación y desarrollar marcos de gobernanza tecnológica que protejan derechos y calidad educativa.
Los datos de la ENIAG muestran que la presencia tecnológica ya no es una promesa futura, sino una realidad cotidiana que obliga a replantear funciones y prioridades en universidades y centros de formación. La pregunta ahora es cómo transformar ese uso extendido en oportunidades de aprendizaje significativas, sin dejar de atender las brechas de acceso y la urgencia de marcos éticos y formativos claros.
La discusión abierta en foros como EduPraxis Global 2026 será clave para trazar estrategias nacionales que integren tecnología, pedagogía y equidad, y para asegurar que la adopción de IA y herramientas inmersivas potencie —y no sustituya— las capacidades humanas que constituyen el núcleo de la educación.