María, madre de dos adolescentes, cuenta que sus conversaciones en casa han cambiado: ahora busca deliberadamente espacios para hablar de respeto, justicia y responsabilidad con ejemplos concretos, no sólo con palabras. Esa iniciativa doméstica es la que, según académicos de la UPAEP, debe acompañar un cambio más amplio en la formación de las nuevas generaciones.
Una propuesta que parte de la práctica diaria
Investigadores de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP) señalan que la educación no puede limitarse a la transmisión de conocimientos técnicos. Proponen una formación integral que incluya las dimensiones cognitiva, afectiva, ética, social y trascendente, y que se arraigue en actos cotidianos y en el testimonio de quienes educan.
En ese marco, el director de la Facultad de Filosofía de la UPAEP insistió en la necesidad de impulsar una “revolución hacia los valores” para romper con prácticas educativas rígidas y poco vivas, y para promover un aprendizaje que conecte saberes con el desarrollo humano.
Docentes y familias como actores centrales
La directora académica de la Maestría en Innovación Pastoral de la misma universidad destacó que los valores no se transmiten únicamente por explicación conceptual: requieren personas que los vivan. Enfatizó que, para que los alumnos adopten valores, es indispensable que quienes los acompañan —docentes y madres y padres— sean ejemplos coherentes.
"Si creamos una generación con estudiantes que llevan los valores, tenemos que procurar que nuestros profesores y nuestras profesoras sean testimonio de valores"
La académica también subrayó que la educación en valores inicia en la vida cotidiana y en las experiencias familiares; por ello, invitó a las familias a priorizar espacios de convivencia, diálogo y acompañamiento por encima de una visión centrada únicamente en bienes materiales.
Competencias para conectar conocimiento y humanidad
Los especialistas identificaron varias capacidades que, junto con la formación ética, sirven de puente entre el aprendizaje técnico y la excelencia humana. Entre esas habilidades mencionaron empatía, pensamiento crítico, escucha activa, resiliencia y la capacidad de diálogo.
- Empatía: entender al otro más allá de la propia experiencia.
- Pensamiento crítico: cuestionar y reflexionar antes de aceptar información.
- Escucha activa: dar atención y responder con responsabilidad.
- Resiliencia: afrontar y recuperarse ante dificultades.
- Diálogo: construir acuerdos y soluciones en comunidad.
Para los investigadores, el desarrollo de estas competencias exige cambios en la práctica docente y en la manera en que las escuelas organizan la convivencia escolar, así como un mayor involucramiento de las familias en la vida escolar.
Riesgos de priorizar lo material
Otra académica de la UPAEP advirtió que cuando lo material se coloca por delante de la dignidad, la solidaridad o la justicia, las consecuencias alcanzan a toda la sociedad. Alertó sobre el peligro de adoptar una mirada utilitarista que deje de lado la dimensión humana de la educación.
| Dimensiones de la formación | Propósito |
|---|---|
| Cognitiva | Desarrollo del conocimiento y el pensamiento crítico |
| Afectiva | Gestión de emociones y vínculos interpersonales |
| Ética y social | Valores, responsabilidad y convivencia |
| Trascendente | Búsqueda de sentido y propósito |
El llamado de los académicos apunta a políticas y prácticas educativas que no se limiten al aula teórica, sino que integren talleres, espacios de diálogo y modelos de evaluación que reconozcan el desarrollo humano. También reclaman un compromiso activo de las familias para acompañar y modelar los valores que se desean transmitir.
En suma, la propuesta plantea que la formación de mejores ciudadanos no será efectiva si no se transforma la vida diaria: escuelas, hogares y docentes deben coincidir en poner en práctica valores que, a la larga, sostienen una sociedad más justa y solidaria.