Un trabajo publicado en The Lancet sitúa indicios de riesgo de dismenorrea hasta tres años antes de la menarquia, cuando las niñas aún no han tenido su primera regla. El estudio, realizado en Estados Unidos, evaluó la sintomatología en chicas de 12 y 13 años y halló que una proporción relevante desarrolló periodos dolorosos al iniciarse la menstruación.
Diseño y hallazgos principales
La investigación siguió a 2.254 adolescentes, mediante cuestionarios dirigidos tanto a las jóvenes como a sus familias, para valorar síntomas previos a la menarquia y detectar factores que pudieran predisponer a la aparición de dismenorrea. Según los autores, casi el 58% de las participantes presentaron dolor menstrual una vez comenzada la menstruación y aproximadamente el 20% describieron ese dolor como de intensidad «severa».
«Creemos que el sistema nervioso puede desarrollar dolor crónico ante ciertos factores traumáticos como enfermedades, infecciones o lesiones repetidas, y que la dismenorrea severa no tratada podría ser uno de esos factores», explicó Melissa Lenert, una de las autoras del estudio.
Contexto con la evidencia previa
El nuevo trabajo aborda una laguna en la literatura científica. Hasta ahora, muchos estudios habían seguido a mujeres adultas o a adolescentes de mayor edad y ofrecían resultados heterogéneos por la falta de homogeneidad metodológica, según señalan los propios autores. En España, investigaciones previas también han subrayado la alta prevalencia de molestias menstruales: un estudio del Instituto de Gestión de la Innovación y del Conocimiento (INGENIO, CSIC‑UPV) de 2025 con unas 3.500 mujeres mayores de 14 años registró que un 70,9% experimentaba molestias menstruales como dolor o hinchazón abdominal «cada mes o la mayoría de ellos».
Implicaciones clínicas y sociales
Comprender factores de riesgo presentes antes de la primera regla puede facilitar la identificación temprana de niñas en riesgo de sufrir dismenorrea intensa y, por tanto, reducir la probabilidad de que el dolor se cronifique en la edad adulta. Los autores recuerdan además una preocupación frecuentemente expresada por pacientes: la percepción de una atención insuficiente y la tendencia a normalizar el dolor menstrual como «parte de ser mujer». Esa normalización, junto con la utilización habitual de anticonceptivos orales como solución práctica, puede retrasar diagnósticos y tratamientos más específicos.
- Prevención y detección precoz: valorar antecedentes y síntomas premenstruales podría orientar intervenciones tempranas.
- Investigación sobre mecanismos: los autores plantean un papel del sistema nervioso en la cronificación del dolor.
- Atención sanitaria: el estudio refuerza la necesidad de protocolos en atención pediátrica y primaria para abordar el dolor menstrual.
Datos esenciales
| Año / Estudio | Muestra | Resultado clave |
|---|---|---|
| 2025 — INGENIO (CSIC‑UPV) | ≈3.500 mujeres >14 años | 70,9% con molestias menstruales mensuales o frecuentes |
| Estudio publicado en The Lancet | 2.254 adolescentes (12–13 años) | 58% desarrollaron dismenorrea; 20% la calificaron de severa |
Los resultados no sólo actualizan el conocimiento sobre la epidemiología del dolor menstrual, sino que abren la vía a estrategias preventivas centradas en la infancia y la adolescencia. Identificar signos de alarma antes de la menarquia podría ofrecer a clínicas, pediatras y profesionales de salud pública herramientas para intervenir con mayor eficacia y evitar así la cronificación del dolor en etapas posteriores de la vida.
El consenso entre los investigadores apunta a la necesidad de más estudios longitudinales y comparativos que precisan mecanismos biológicos y psicosociales implicados. Asimismo, el trabajo refuerza la petición de muchas pacientes: que el dolor menstrual deje de considerarse una molestia inevitable y se trate con criterios clínicos adecuados, no solo como un síntoma para parchear.