Los servicios de Inteligencia españoles consideran probable que Marruecos continúe ejerciendo formas de presión sobre Ceuta y Melilla a través de operaciones encubiertas de difícil atribución directa a Rabat, según informaciones recogidas por medios nacionales.
Riesgo en la denominada «zona gris»
Los análisis de los organismos de seguridad sitúan el principal peligro en lo que se denomina la «zona gris», un conjunto de tácticas situadas por debajo del umbral de un conflicto militar abierto y orientadas a desgastar, desestabilizar o presionar sin recurrir a una agresión convencional. En ese marco se incluyen actividades diseñadas para generar inestabilidad política, social y económica en las ciudades autónomas.
«zona gris»
Entre las modalidades que los informes vinculan a esa estrategia figuran los ciberataques, el uso de movimientos migratorios como instrumento de presión, campañas de desinformación en redes sociales, difusión de bulos y la posibilidad de sabotajes contra infraestructuras, detalla el material consultado.
Contexto: la crisis de finales de julio
La alerta llega tras la entrada masiva registrada a finales de julio, cuando decenas de miles de personas cruzaron hacia Ceuta desde territorio marroquí, circunstancia que sumió a la ciudad en una grave crisis social y de seguridad. Aquella situación reavivó las dudas sobre el papel desempeñado por Marruecos y sobre la capacidad de anticipación y respuesta de las autoridades españolas.
Los documentos de Inteligencia, según las fuentes, descartan a corto y medio plazo una operación militar destinada a ocupar Ceuta o Melilla, pero advierten de que las tensiones pueden mantenerse o intensificarse mediante métodos indirectos que resultan más difíciles de atribuir y contrarrestar.
Métodos y consecuencias previstos
Los servicios identifican varias herramientas susceptibles de empleo en la «zona gris». Entre ellas, la presión migratoria como instrumento táctico vuelve a situarse como una de las más preocupantes, al haberse demostrado su impacto social y mediático en la reciente crisis.
- Oleadas migratorias: empleadas para desbordar recursos y generar una crisis humanitaria y de orden público.
- Ciberataques: dirigidos a administraciones, servicios esenciales o infraestructuras para deteriorar la capacidad de respuesta.
- Desinformación: campañas en redes para polarizar la opinión pública y sembrar confusión sobre responsabilidades.
- Sabotajes: acciones contra infraestructuras con impacto en suministro o comunicaciones.
| Método | Objetivo |
|---|---|
| Oleadas migratorias | Generar presión social y logística |
| Ciberataques | Interrumpir servicios y crear desconfianza |
| Desinformación | Deslegitimar instituciones y polarizar |
| Sabotajes | Ataques puntuales a infraestructuras |
Las fuentes sostienen que, si bien los informes no apuntan a un enfrentamiento armado, la «zona gris» permite mantener una presión sostenida que complica la respuesta diplomática y policial al utilizar mecanismos de baja visibilidad y atribución dudosa.
Dudas sobre la capacidad de anticipación
La entrada masiva de personas a finales de julio también generó un debate público acerca de los datos e informes disponibles antes de la crisis y sobre qué organismos contaban con conocimiento previo de posibles movimientos en la frontera. El Gobierno ha subrayado que no se pudo anticipar con exactitud la magnitud de lo ocurrido, pero el episodio ha alimentado la preocupación sobre la vulnerabilidad de las ciudades autónomas ante tácticas indirectas.
Los servicios de Inteligencia llaman a reforzar la vigilancia, la cooperación transfronteriza y los mecanismos de resiliencia en infraestructuras críticas y en la lucha contra la desinformación para mitigar posibles nuevas oleadas de presión. Asimismo, alertan de que las acciones en la «zona gris» complican la atribución y, por tanto, la adopción de medidas diplomáticas contundentes sin un alto grado de certidumbre sobre su origen.
La advertencia sitúa a Ceuta y Melilla nuevamente en el centro de la agenda de seguridad nacional y plantea interrogantes sobre las herramientas políticas y operativas necesarias para responder a amenazas difusas que no se ajustan a los esquemas clásicos de agresión entre Estados.