La reducción de homicidios registrada en los últimos meses se presenta como una buena noticia para la estrategia de seguridad del Gobierno, pero expertos y episodios recientes ponen en duda que esa tendencia equivalga a un debilitamiento efectivo del crimen organizado.
«La notable caída de homicidios es buena noticia para la estrategia de seguridad, pero prematuro convertirla en prueba de que cede la epidemia criminal.»
Indicadores vs. poder del crimen
El descenso en la cifra de asesinatos es uno de los indicadores más visibles con que cuenta la administración para mostrar avances en seguridad. Sin embargo, ese único dato no permite, por sí mismo, concluir que los cárteles han perdido capacidad operativa o que la influencia ilícita en instituciones haya disminuido.
Analistas subrayan que los grupos delictivos pueden adaptar su conducta para reducir la letalidad pública sin renunciar a sus actividades ni a su control territorial. Entre las estrategias que se mencionan se encuentran:
- Disminuir enfrentamientos abiertos entre bandas para evitar altas tasas de mortalidad.
- Desplazar operaciones a zonas menos visibles o diversificar negocios ilícitos.
- Consolidar control local mediante mecanismos de intimidación o acuerdos tácitos, la denominada «pax narca».
Percepción ciudadana y crímenes de alto impacto
Aun con la tendencia a la baja en homicidios, la percepción de inseguridad se mantiene elevada. Según las cifras citadas, casi el 60% de la población considera que vive en un lugar inseguro, un indicador que no se alinea de forma automática con la disminución de asesinatos.
Además, la persistencia de hechos de alto impacto —como ejecuciones transmitidas públicamente o la muerte de figuras mediáticas en contextos de violencia— alimenta la sensación de descontrol en amplios sectores de la sociedad. El caso del homicidio en Sinaloa de César Gastélum, mencionado como el noveno influencer ejecutado, se utiliza como ejemplo de la capacidad de los cárteles para exhibir poder sin necesariamente aumentar la estadística global de homicidios.
Impactos económicos y control territorial
La vulnerabilidad frente al crimen organizado también alcanzó sectores productivos. La suspensión temporal de las importaciones estadounidenses de aguacate, motivada por alertas de seguridad, puso de manifiesto la fragilidad de una industria estratégica y la capacidad del crimen para afectar mercados internacionales. Aunque la exportación se reanudó tras reforzarse la vigilancia militar, el episodio plantea interrogantes sobre el grado efectivo de control territorial por parte del Estado.
| Indicador | Situación citada |
|---|---|
| Percepción de inseguridad | Casi 60% de la población considera vivir en un lugar inseguro |
| Influencers ejecutados | 9 (caso citado: César Gastélum en Sinaloa) |
Limitaciones de la intervención estatal
Las autoridades han informado de detenciones de líderes y aseguramientos de armas y drogas, medidas que suelen presentarse como indicadores del éxito operativo. No obstante, la ocurrencia de crímenes que son convertidos en espectáculo público revela límites en la capacidad del Estado para contener formas de violencia que, aun sin elevar las cifras de homicidio, generan enorme impacto simbólico y social.
La controversia central radica en determinar si la reducción de homicidios obedece a una recuperación sostenida del control estatal o si se trata de una estabilización de la violencia en niveles todavía críticos, con cambios tácticos por parte del crimen organizado.
En lo inmediato, el Gobierno podrá exhibir la caída de la tasa de asesinatos como un avance, pero la combinación de percepción ciudadana negativa, episodios de violencia extrema y la afectación a sectores económicos clave sugiere que la evaluación debe ser cautelosa y multidimensional. La situación demanda no sólo seguimiento estadístico, sino también análisis territorial, judicial y económico que clarifiquen si la tendencia es duradera y si se acompaña de reducción real del poder de las organizaciones criminales.
Redacción Política, WE NEWS