En San José del Guaviare, una iniciativa educativa que nació como una respuesta inmediata a juegos infantiles marcados por la violencia se ha convertido en una alternativa concreta para abrir oportunidades tecnológicas a niños y niñas de ese municipio. Science Bot, la escuela de robótica fundada en 2021 por la bogotana Angie Tatiana Muñoz, ha pasado de impartir clases en la calle a tener una sede equipada con impresoras 3D y un equipo docente estable.
De la calle al aula: cómo comenzó el proyecto
El origen del proyecto está en una escena que Tatiana presenció en 2020, en sus primeros días en San José del Guaviare: menores de alrededor de siete y ocho años reproducían combates y, entre juegos, gritaban “¡te maté…te maté!”. Con lo único que llevaba a mano —un kit de robótica que conservaba desde su adolescencia— pidió a los niños materiales simples como botellas plásticas y cartón para construir mecanismos con servomotores y sensores. Lo que empezó con cuatro niños se amplió rápidamente: en pocas semanas eran setenta y cinco.
La actividad se consolidó, primero, como un aula móvil improvisada: un Renault 4 rojo que el equipo bautizó como “la amenaza roja” servía para transportar computadores y materiales. Ese vehículo permitió dar clases en distintos barrios, montar mesas y sillas para enseñar y regresar al final de la jornada. En 2021 formalizaron la escuela y, con el tiempo, lograron una sede y ampliar el plantel docente.
“Al Renault le decíamos ‘la amenaza roja’, pero en realidad era un aula móvil”,
Lo que ofrece Science Bot hoy
Según la información disponible, el proyecto evolucionó hasta conformar un equipo de siete profesores, disponer de impresoras 3D y mantener conexión con participantes fuera del país: hay alumnos que se conectan desde España y Australia. La escuela mantiene un enfoque práctico y orientado a despertar vocaciones tecnológicas en un territorio con historias de conflicto.
- Fundación: 2021 en San José del Guaviare.
- Fundadora: Angie Tatiana Muñoz, bogotana, 28 años.
- Inicio: primera clase con 4 niños; crecimiento a 75 en poco tiempo.
- Recursos actuales: sede propia, impresoras 3D, 7 docentes.
Contexto local y significado social
San José del Guaviare es uno de los municipios del país más afectados por décadas de conflicto armado y economías ilegales. En ese marco, proyectos como Science Bot buscan ofrecer rutas distintas a la de la violencia: la enseñanza de robótica no solo transmite conocimientos técnicos, sino que abre posibilidades de aprendizaje crítico, creatividad y proyectos colaborativos que amplían expectativas de vida.
La historia de Tatiana también refleja itinerarios personales que terminan en compromiso comunitario: llegó joven desde Bogotá, usó recursos personales —el kit de robótica que cargaba desde la adolescencia— y convirtió una curiosidad tecnológica en una oferta educativa estable para niños que, de otro modo, tendrían menos acceso a estas herramientas.
Una iniciativa con proyección pero sin sustituir responsabilidades
Science Bot representa un aporte valioso, pero no sustituye la responsabilidad institucional en materia educativa y de garantía de derechos. El crecimiento del proyecto llama la atención sobre la necesidad de articular estas iniciativas con la Secretaría de Educación local, ONG y donantes que puedan apoyar la sostenibilidad de sedes, equipos y formación continua de docentes.
| Año | Hito |
|---|---|
| 2020 | Primer contacto de la fundadora con niños del barrio Villa Andrea; clases improvisadas. |
| 2021 | Creación formal de Science Bot. |
| 2021–2026 | Expansión a sede propia, incorporación de 7 profesores y uso de impresoras 3D; participación de alumnos internacionales en algunas actividades. |
Impacto y retos para el futuro
El relato de Science Bot es un ejemplo de cómo la tecnología puede ser una herramienta de transformación social en territorios con limitaciones de acceso educativo. Sin embargo, para sostener su impacto será necesario garantizar financiación, mantenimiento de equipos y formación continua, además de estrategias de vinculación con el sistema educativo local para que sus beneficiarios encuentren rutas formales de continuidad.
En tanto, la experiencia confirma que intervenciones pequeñas pero constantes pueden transformar las formas en que los niños imaginan su futuro: de reproducir escenas de violencia a diseñar mecanismos que responden a desafíos reales, la transformación es tangible y supone una invitación para que actores públicos y privados amplíen su apoyo.