En las calles de Bogotá y entre quienes usan la Ciclovía, su apodo ya suena familiar: "Messedinho". Daniel Serna Hernández, un joven de 25 años, ha transformado una antigua aspiración de ser futbolista profesional en una vida dedicada al deporte extremo, la resistencia y el dominio del balón.
Récords con la pelota y desafíos verticales
En 2026, Serna se planteó un reto poco común: recorrer 32 kilómetros de la Ciclovía bogotana manteniendo la pelota en el aire sin dejarla caer, un intento que buscaba batir un récord mundial. Ese no fue su único desafío: en su historial figura la bajada de la Piedra del Peñol en Antioquia y el descenso del edificio Coltejer. Además, en 2025 logró descender la Torre Colpatria desde el helipuerto hasta el primer piso en su primer intento.
Para el Festival de Verano 2026 se propuso otra meta de alta exigencia: ascender la Torre Colpatria por las escaleras. Tras meses de preparación física y mental, superó 980 escalones que suman 196 metros de altura y completó la subida en una hora y 15 minutos.
Una vida marcada por el fútbol y la perseverancia
La relación de Serna con el balón nació con el sueño de “llegar a ser futbolista profesional”, un objetivo que lo llevó a probarse en equipos de Colombia y a buscar oportunidades en el exterior: España, Estados Unidos, Letonia, Lituania y México. Sin embargo, la edad y las lesiones alteraron ese camino. Entre las heridas que menciona está una luxación en el hombro que limitó su continuidad en el fútbol de alto nivel. En el texto de su relato personal también aparece una referencia a pérdidas familiares que afectaron su rumbo.
"He estado involucrado en el deporte la mayor parte de mi vida, comenzando con el sueño de ser futbolista profesional desde que tenía 15 años. En el año 2021 fue mi última como oportunidad para llegar al fútbol profesional pero tenía más de 21 años, lo cual es un poco tarde para ser futbolista"
Del ensayo a la calle: la pelota como filosofía
Más allá de la anécdota del intento profesional fallido, Serna decidió convertir la destreza con el balón en un estilo de vida. Para él, mantener la pelota «nunca caer» es una metáfora que aplica a los entrenamientos, a la recuperación de lesiones y a la superación personal. Sus videos en redes sociales y sus apariciones en espacios públicos le han dado visibilidad, y le han permitido producir retos que mezclan habilidad técnica y resistencia física.
- 32 km recorrió por la Ciclovía con la pelota en el aire (intento por récord mundial).
- Descenso de la Torre Colpatria en 2025 desde el helipuerto al primer piso.
- Ascenso a la Torre Colpatria en el Festival de Verano 2026: 980 escalones en 1 h 15 min.
Impacto local y visibilidad
Los logros de Serna se insertan en la vida urbana de Bogotá: la Ciclovía, los eventos del Festival de Verano y edificaciones emblemáticas como la Torre Colpatria son escenarios reconocibles que atraen atención pública. En barrios, TransMilenio y parques, su figura sirve de referente para jóvenes que buscan salidas en el deporte más allá del fútbol profesional. Sus acciones también promueven una imagen del deporte como práctica de resistencia y espectáculo ciudadano.
| Hecho | Dato |
|---|---|
| Edad | 25 años |
| Récord Ciclovía | 32 km |
| Escalones Torre Colpatria | 980 |
| Altura ascendida | 196 m |
Lo que viene y la mirada de la ciudad
Aunque los videos y los retos llaman la atención en redes y en espacios públicos, la historia de Serna remite también a un fenómeno social: cómo los jóvenes que no llegan al deporte de alto rendimiento reencauzan su talento. Sus pruebas en equipos internacionales, las lesiones y la puerta cerrada del fútbol profesional terminaron por empujarlo hacia una disciplina propia, orientada a resistencia, récords y espectáculo.
En estaciones de TransMilenio y en los barrios de la ciudad se escucha esa mezcla de admiración y sorpresa por las hazañas: «Eso hay que verlo en vivo», dice una pasajera que reconoce los videos, mientras que otros ven en sus retos una forma de motivación para la práctica deportiva al aire libre.
Daniel Serna sigue recorriendo Bogotá con su pelota, afilando una técnica que ya dejó de ser solamente un sueño infantil para convertirse en un proyecto de vida. Sus logros recientes consolidan una vía alternativa en el deporte urbano: la pelota como herramienta de resistencia y de presencia en la ciudad.