El recuerdo de un Bogotá sacudida hasta los cimientos vuelve a tomar fuerza tras el temblor de 7,4 que el pasado 10 de agosto tuvo su epicentro en San José del Palmar (Chocó) y se sintió con claridad en la capital. Aunque la ciudad no suele ser epicentro de grandes movimientos sísmicos, la historia demuestra que no está exenta de sufrir daños severos cuando un terremoto la afecta.
El episodio de 1917: la capital «pequeña» que sufrió grandes daños
El 31 de agosto de 1917, a las 6:36 de la mañana, un fuerte sismo golpeó a Bogotá cuando la ciudad tenía poco más de 100.000 habitantes. Los estudios posteriores y la recopilación histórica ubican magnitudes superiores a 6 y describen daños importantes en construcciones de la época. En registros citados por expertos se señala que unas 300 edificaciones resultaron averiadas y 40 quedaron destruidas en sectores como Las Nieves y áreas del centro histórico.
"La Iglesia de las Nieves... fue reconstruida en 1922 por el terremoto de 1917 que la afectó."
Ese sismo de 1917 fue el referente de mayor destrucción en la memoria histórica de la ciudad. Desde entonces, los registros muestran episodios menores —temblores esporádicos y movimientos con menor intensidad—, hasta eventos significativos muchas décadas después, como el temblor de 1967.
Qué dicen los estudios geológicos
El Servicio Geológico Colombiano ha ubicado en distintos análisis una magnitud aproximada de 6,7 para el evento de 1917, con una profundidad cercana a 15 km y un epicentro en el piedemonte llanero, lo que ayuda a explicar cómo se sintió la sacudida en la capital pese a no originarse en la misma. La cercanía del epicentro y la naturaleza del terreno amplificaron el efecto sobre las estructuras antiguas.
| Fecha | Magnitud (aprox.) | Profundidad | Daños reportados |
|---|---|---|---|
| 31-08-1917 | 6,7 | 15 km | 300 averiadas, 40 destruidas |
| 10-08-2026 | 7,4 (epicentro: Chocó) | N/D | Se sintió en Bogotá; pánico ciudadano |
Una ciudad con memoria y con riesgos
En las calles, el recuerdo del temblor se mezcla con la preocupación actual. Usuarios de redes y transeúntes en TransMilenio relatan la sensación de que la tierra no paraba de moverse y el miedo a que estructuras antiguas, muchas sin intervención sismorresistente, sufrieran daños. La capital posee una mezcla de edificios modernos y construcciones históricas que, por su material y antigüedad, son más vulnerables.
La experiencia de 1917 enseña dos cosas: primero, que Bogotá puede verse seriamente afectada por terremotos cuyas fuentes no están dentro de los límites de la ciudad; segundo, que el diseño, la construcción y la conservación del patrimonio son factores decisivos para reducir víctimas y daños materiales.
Qué puede y debe hacer la ciudadanía
Ante la reactivación del temor tras el sismo de agosto de 2026, las autoridades y especialistas recomiendan mantener la calma y revisar medidas prácticas de preparación. Algunas acciones básicas:
- Identificar rutas de evacuación y puntos seguros dentro y fuera de la vivienda.
- Revisar el estado estructural de los inmuebles, especialmente si son antiguos o patrimoniales.
- Preparar un kit de emergencia con agua, linterna, radio, medicamentos y documentos esenciales.
- Inscribirse en canales oficiales de información de la Alcaldía y del Servicio Geológico Colombiano para alertas y recomendaciones.
Las instancias distritales y nacionales cuentan con protocolos para evaluar daños y coordinar atención después de un temblor. Sin embargo, la prevención y la preparación individual son complementos indispensables.
Mirada al futuro
La histórica sacudida de 1917 y el temblor reciente de 2026 reabren la discusión sobre la gestión del riesgo en Bogotá: refuerzo de edificaciones, planes de evacuación efectivos y educación ciudadana. Para quienes viajan todos los días en TransMilenio o viven en barrios con casas centenarias, la pregunta persiste: ¿estamos listos para un evento de magnitud similar al de hace más de un siglo?
La memoria sísmica está allí; la tarea es convertirla en acciones concretas para reducir vulnerabilidad y proteger a quienes habitan esta capital que creció sobre barro y memoria.