Un estudio publicado en JAMA Network Open advierte que el índice de masa corporal (IMC) por sí solo puede resultar insuficiente para estimar el impacto del exceso de adiposidad en la salud de una persona. El trabajo, que incluyó a 2.316 pacientes candidatos a cirugía metabólica y bariátrica entre 2014 y 2025 en centros del Reino Unido, España, Francia y Brasil, encontró que individuos con valores de IMC muy similares podían presentar grados muy diferentes de afectación orgánica y funcional.
Qué evaluaron los investigadores
Los autores aplicaron una clasificación propuesta por la Comisión de The Lancet Diabetes & Endocrinology que distingue entre obesidad clínica —cuando hay disfunción de órganos o deterioro funcional— y obesidad preclínica —cuando existe exceso de tejido adiposo pero sin evidencia de daño orgánico apreciable. Según los resultados, de los 2.316 pacientes analizados, 1.709 (el 73,8%) encajaron en la categoría de obesidad clínica, mientras que 607 (el 26,2%) fueron clasificados como obesidad preclínica.
Lo relevante del hallazgo es que, dentro de cada centro, las distribuciones de IMC entre ambos grupos fueron en muchos casos muy parecidas, lo que indica que el IMC no discrimina adecuadamente quién ya presenta complicaciones relacionadas con la adiposidad y quién no.
Por qué el IMC queda corto
La Organización Mundial de la Salud señala que el IMC es un marcador indirecto de la grasa corporal y tiene utilidad para clasificar grandes poblaciones, pero no ofrece información sobre la distribución del tejido adiposo, ni sobre la presencia de alteraciones metabólicas u orgánicas. El estudio respalda esa limitación: dos personas con un IMC cercano pueden tener perfiles metabólicos, inflamatorios y funcionales muy distintos, lo que repercute en su riesgo de complicaciones y en las decisiones terapéuticas.
- IMC: útil para vigilancia poblacional, pero escaso como única herramienta clínica.
- Obesidad clínica vs. preclínica: la clasificación busca incorporar la función orgánica para definir riesgo real.
- Implicancia práctica: el manejo —incluida la indicación de cirugía bariátrica— debería apoyarse en evaluaciones más completas que en el número del IMC.
| Indicador | Valores |
|---|---|
| Total de pacientes | 2.316 |
| Obesidad clínica | 1.709 (73,8%) |
| Obesidad preclínica | 607 (26,2%) |
Consecuencias para la práctica clínica y la prevención
Los resultados señalan la necesidad de incorporar evaluaciones funcionales y biomarcadores para complementar el IMC al decidir estrategias preventivas y tratamientos. Esto puede incluir pruebas de función orgánica, mediciones de composición corporal, análisis metabólicos y valoración del impacto en la vida cotidiana. Para los equipos de salud, el desafío es priorizar intervenciones en quienes ya muestran daño o alto riesgo, sin demorar medidas de prevención en quienes aún no presentan alteraciones detectables.
En términos de salud pública, la investigación refuerza la urgencia de campañas que no se apoyen exclusivamente en el IMC como único indicador de riesgo, y que promuevan estrategias integrales enfocadas en hábitos saludables, detección temprana y acceso a evaluaciones especializadas cuando corresponda.
Contexto epidemiológico
La obesidad continúa siendo una preocupación global: la OMS estimó que, en 2022, el 43% de los adultos presentaba sobrepeso y el 16% vivía con obesidad. Ante ese escenario, disponer de herramientas que permitan distinguir quiénes ya han desarrollado daño orgánico es clave para asignar recursos clínicos y sanitarios de forma más eficiente.
Esta nota tiene finalidad informativa y no sustituye una consulta médica. Si la situación de peso o la presencia de factores de riesgo preocupan, se recomienda acudir a un profesional de la salud para una evaluación personalizada y adecuada.