El presidente del Banco Central admitió ante empresarios en Mendoza que la economía argentina avanza por debajo de lo esperado y que, además de factores macroeconómicos, existe un factor psicológico que frena la inversión y el gasto. La consecuencia directa, dijo, es que empresas y hogares optan por resguardarse en lugar de comprometer recursos en proyectos productivos o de largo plazo, lo que condiciona el consumo y el empleo.
Impacto concreto en el consumo y la inversión
En términos cotidianos: cuando las empresas deciden no ampliar plantas o contratar personal y los ahorristas retiran el dinero de la circulación —guardándolo "bajo el colchón" o en depósitos— se reducen las compras de insumos, la demanda de servicios y la dinámica del mercado laboral. Ese círculo hace que la recuperación sea más lenta y difícil de percibir en el día a día.
Según el funcionario, el Producto Bruto Interno se está expandiendo en torno al 2% anual, una tasa «mucho más lenta de lo que desearíamos», señaló en la Bolsa de Comercio de Mendoza, en un acto donde estuvo acompañado por el gobernador Alfredo Cornejo. La desaceleración del ritmo de actividad, explicó, no se explica solo por variables macro, sino por un persistente «estrés postraumático» entre los agentes económicos tras las sucesivas crisis que padeció el país.
Medidas para redirigir el ahorro
En materia financiera, el presidente del BCRA reconoció que las entidades bancarias no muestran una marcada disposición a aumentar la oferta de créditos. "No están desesperadas por prestar", afirmó, y señaló que la normativa vigente todavía plantea ciertas limitaciones para que los bancos expandan el crédito a sectores productivos.
"No están desesperadas por prestar"
Como respuesta a esa falta de impulso crediticio, el equipo económico anunció medidas que permiten a los bancos destinar hasta el 15% de sus depósitos en dólares al financiamiento de empresas exportadoras que garanticen generación de divisas. La intención oficial es convertir el ahorro privado, que en años anteriores permaneció mayormente inactivo fuera del circuito, en inversiones en infraestructura y construcción.
El objetivo declarado por el presidente del BCRA es doble: por un lado, mitigar la escasez de crédito para actividades que aporten divisas; por otro, reducir la incertidumbre mediante una mayor desregulación y consolidar un marco estable de aquí hasta 2027, con la esperanza de que expectativas más firmes permitan decisiones de inversión con horizontes más largos.
Contexto y efectos potenciales
El funcionario también se refirió a la inflación: citó el dato de julio informado por el INDEC —2,1% para ese mes— y proyectó que la desaceleración retomará su tendencia después del efecto estacional ligado al turismo. En ese panorama, la mayor disponibilidad de crédito en dólares a exportadores busca, según lo anunciado, fortalecer la generación de divisas y mejorar la confianza del sector privado.
Los anuncios incluyen además una reforma en la gobernanza del BCRA apoyada por Cornejo, orientada a restringir el financiamiento del Tesoro desde la entidad monetaria. La intención es, según las exposiciones, delimitar roles y facilitar un escenario macroeconómico más previsible.
- Ritmo de actividad: alrededor del 2% anual, según el titular del BCRA.
- Inflación de julio: 2,1% (dato mencionado del INDEC).
- Nuevo permiso a bancos: posibilidad de afectar hasta el 15% de depósitos en dólares a crédito para exportadores.
En resumen, el diagnóstico oficial combina variables objetivas —crecimiento moderado, inflación aún presente— con una lectura subjetiva: el temor como motor de la inactividad del ahorro y la inversión. La apuesta del equipo económico es que, mediante incentivos al crédito en dólares para quienes generan divisas y mayor previsibilidad regulatoria, se logre que esos recursos salgan de la inercia y se orienten a proyectos productivos, especialmente en infraestructura y construcción. Queda por verse si los bancos responden al estímulo y si el cambio en expectativas alcanza para acelerar el ritmo de la recuperación.