La expansión del crédito que durante 2024 y comienzos de 2025 sostuvo la recuperación del consumo comenzó a perder fuerza en 2026, y con ella aumentó la morosidad entre las familias. El diagnóstico lo planteó el contador Carlos Ordoñez en LU24 y describe una lectura que explica por qué la industria, la construcción y el comercio muestran más dificultades que sectores exportadores como el agro, la minería o la explotación de hidrocarburos.
El impacto inmediato: menos plata para comprar
En términos prácticos, la combinación de pérdida de capacidad de compra y aumentos de tarifas y servicios dejó a muchos hogares con menos dinero disponible para supermercados, indumentaria, salidas o arreglos del hogar. Ordoñez señaló que algunos salarios que habían perdido poder adquisitivo explican parte del problema: en su ejemplo, un empleado de comercio habría perdido alrededor de 10% de capacidad de compra desde diciembre de 2023.
Al mismo tiempo, servicios indispensables como electricidad, gas, transporte, internet y telefonía subieron en términos reales, lo que reduce el margen para el consumo discrecional. Durante un tiempo ese agujero se compensó con crédito, pero ahora la capacidad para seguir endeudándose y pagar las cuotas se está agotando.
Qué muestran los números
| Indicador | Valor/observación |
|---|---|
| Proporción de deudores con dificultades para pagar | 1 de cada 4 (aprox. 25%) |
| Expansión del crédito | Se duplicó durante 2024 y comienzos de 2025 |
| Pérdida salarial (ejemplo) | Empleado de comercio: ≈ -10% desde dic-2023 |
Una economía a dos velocidades
Ordoñez describió al país como una economía con sectores que tiran hacia adelante y otros que quedan rezagados. Mientras Vaca Muerta, la minería y el campo muestran actividad y prospectos de inversión, ramas ancladas en el mercado interno enfrentan menor demanda y mayor vulnerabilidad financiera.
- Los sectores con orientación externa mantienen ritmo inversor y crecimiento.
- El comercio, la industria y la construcción sufren la caída del consumo doméstico.
- El crédito dejó de ser el amortiguador para una porción creciente de hogares.
Ese contraste es clave: una economía que crece por exportaciones y extracción no garantiza una recuperación homogénea ni una mejora inmediata en el empleo y los ingresos del interior urbano, donde se concentra la mayor parte del consumo.
Las causas que menciona el análisis
Según Ordoñez, la desaceleración del crédito y el aumento de la morosidad tienen varias raíces. El Gobierno enfocó su política en bajar la inflación y lograr equilibrio fiscal, lo que implicó ajustes sobre jubilaciones, salarios del sector público, obra pública y subsidios. Esa corrección presupuestaria, sumada a la erosión del salario privado y el alza de tarifas, redujo el ingreso disponible en los hogares.
El resultado es doble: menor capacidad para pagar deudas y menos margen para consumir. Durante 2024 y parte de 2025 el acceso al crédito permitió sostener la demanda; ahora esa vía empieza a cerrarse y la mora crece.
El cuadro que dibuja Ordoñez plantea riesgos para la dinámica económica: si la morosidad sigue subiendo, los bancos y las entidades financieras podrían endurecer el crédito, profundizando la caída del consumo interno y afectando la actividad del mercado doméstico.
El desafío para la política económica es entonces ampliar la recuperación, no solamente mediante impulso a sectores exportadores sino también con medidas que restauren poder de compra y acceso al crédito sostenible para los hogares, evitando que la contracción del mercado interno se retroalimente con más desempleo y cierre de empresas.