La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) inauguró la Segunda Semana Nacional Cultura de Paz con un llamado claro: la paz no es un estado pasivo ni exclusivo de las mesas diplomáticas, sino una construcción cotidiana que debe aprenderse en los hogares, las aulas, los centros laborales y la esfera pública. El rector Leonardo Lomelí Vanegas subrayó la urgencia de este compromiso mientras presentó cifras que muestran una tendencia preocupante en la seguridad y los desplazamientos a nivel mundial.
La paz como tarea educativa y social
Para la UNAM, la formación superior pública tiene responsabilidades particulares: generar conocimiento riguroso sobre las causas y expresiones de la violencia; formar personas capaces de prevenirla y atenderla; y examinar las propias prácticas institucionales. En la inauguración participaron autoridades federales y representantes diplomáticos, entre ellos Enrique Javier Ochoa Martínez, subsecretario para Asuntos Multilaterales y Derechos Humanos, y Daniel Giménez, jefe de Misión Adjunto de la Embajada de Noruega en México.
“Se aprende y se construye día con día en los hogares, las aulas, los centros laborales, las calles, las instituciones y la esfera pública.”
El rector recordó también que la paz exige más que la ausencia de conflictos: implica la defensa de derechos, atender las causas del descontento y generar condiciones que permitan una participación plena en la vida común. Esa definición, trasladada al campo universitario, plantea a las instituciones educativas como espacios donde deben confluir investigación, formación profesional sensible a la desigualdad y acciones concretas para mitigar y prevenir la violencia.
Datos que marcan el contexto
Durante el acto se aludió al deterioro sostenido de la paz global: según el Índice de Paz Global 2026, la situación ha empeorado por duodécimo año consecutivo. Para dimensionar ese retroceso, la UNAM citó dos cifras contundentes sobre 2025:
- Más de 181,000 muertes asociadas con conflictos violentos.
- 117 millones de personas en situación de desplazamiento forzoso para mediados del año.
| Indicador | Valor citado |
|---|---|
| Muertes por conflictos (2025) | 181,000+ |
| Desplazamiento forzoso (mediados de 2025) | 117 millones |
| Trend del Índice de Paz Global | Duodécimo año consecutivo de deterioro |
Estas cifras fueron esgrimidas por las autoridades universitarias como llamado de atención: frente a un panorama internacional adverso, la educación superior pública debe ofrecer herramientas para comprender esa realidad y actuar con responsabilidad social.
Implicaciones para la universidad y la sociedad
La propuesta de la UNAM coloca a la universidad en una doble posición: investigadora y formadora. Esto conlleva, según las intervenciones presentes, tres líneas de trabajo prioritarias:
- Producción de conocimiento riguroso sobre las causas y manifestaciones de la violencia.
- Formación profesional con sensibilidad ante la desigualdad, la discriminación y el sufrimiento ajeno.
- Revisión crítica de las prácticas institucionales para garantizar coherencia entre discurso y acción.
Al insistir en que la cultura de paz se construye “día con día”, la UNAM define la tarea como cotidiana y plural: no basta con políticas públicas de alto nivel, es necesario que la convivencia, la escucha y la responsabilidad individual y colectiva se practiquen en los ámbitos inmediatos de la vida social. Esa idea abre preguntas sobre cómo las universidades integran en sus programas la enseñanza de la resolución pacífica de conflictos, la investigación interdisciplinaria sobre violencia y mecanismos de acompañamiento para comunidades afectadas.
La Semana Nacional Cultura de Paz funciona, en este marco, como plataforma para articular diálogo entre academia, gobierno y organismos internacionales presentes —como la Embajada de Noruega— y para proponer, desde la educación superior, respuestas que aborden tanto las causas estructurales como las manifestaciones visibles de la violencia.
En un país que ha vivido episodios crudos de violencia y desplazamiento, la apuesta de la UNAM por colocar a la cultura de paz en el centro del quehacer universitario no es un gesto simbólico: es una invitación a transformar prácticas pedagógicas, agendas de investigación y el propio sentido de la responsabilidad pública de las instituciones de educación superior.