El Niño-Oscilación del Sur (Enso) se posiciona como una amenaza directa para la seguridad alimentaria en América Latina, al incrementar la probabilidad de inundaciones, sequías e incendios que ya empiezan a afectar a comunidades productoras, infraestructuras y cadenas de distribución, según el análisis recopilado este 5 de septiembre.
Impactos observados y testimonios
En zonas rurales de Bolivia, una fuerte nevada —calificada por autoridades locales como evento excepcional— dejó decenas de animales enterrados y obligó a declarar parte del territorio como zona de desastre. El testimonio de un productor refleja la magnitud del golpe:
“Estamos tristes, totalmente desesperados, hemos perdido llamas, alpacas, ovejas, hasta ahora ni siquiera hemos podido contabilizar (…). Con eso nos solventamos, hacemos estudiar a nuestros hijos y vendemos nuestros productos a la ciudad”
La cita corresponde a René Luna, quien narró la pérdida de animales tras la nevada que afectó su municipio del centro de Bolivia. Casos como este ilustran cómo las alteraciones climáticas vinculadas a El Niño pueden transformar situaciones locales en crisis humanitarias y económicas.
Datos que preocupan
Un informe conjunto de cinco organismos internacionales incluido en el mismo análisis destaca que, en 2025, el 25.8% de la población mundial —aproximadamente 2,100 millones de personas— padeció inseguridad alimentaria moderada o grave. Aunque el documento señala una tendencia de reducción del hambre por tercer año consecutivo, advierte que las mejoras son desiguales y que eventos climáticos extremos pueden revertir avances en subregiones vulnerables.
| Año | Personas con inseguridad alimentaria | Porcentaje global |
|---|---|---|
| 2025 | 2,100 millones | 25.8% |
Consecuencias para la producción y la cadena alimentaria
El fenómeno puede afectar la región en múltiples frentes:
- Producción agrícola: pérdidas de cosechas por inundaciones o sequías en distintas etapas del ciclo productivo.
- Ganadería: mortalidad animal por nevadas o escasez de forraje y agua.
- Distribución y acceso: daños en infraestructura de transporte y alzas en precios por menor oferta, que afectan sobre todo a hogares con menos recursos.
Estos elementos se retroalimentan: una menor producción local suele traducirse en mayor dependencia de mercados externos o en encarecimiento de alimentos básicos, lo que acentúa la inseguridad alimentaria especialmente en comunidades rurales y urbanos marginados.
Qué pueden y deben hacer los gobiernos y la sociedad
Ante esta amenaza, el análisis y los organismos consultados recomiendan consolidar medidas que reduzcan la vulnerabilidad y mejoren la respuesta inmediata. Entre las acciones prioritarias aparecen:
- Refuerzo de sistemas de alerta temprana y coordinación entre autoridades nacionales y locales para respuestas más rápidas.
- Programas de apoyo a pequeños productores para proteger reservas de semillas, mejorar almacenamiento y acceso a agua.
- Medidas para garantizar cadenas de distribución alternativas y controlar alzas abruptas de precios de alimentos básicos.
Estas recomendaciones no eliminan el riesgo, pero pueden mitigar impactos y reducir pérdidas materiales y humanas.
Recomendaciones prácticas para la población
Si vives en zonas rurales o dependes de la agricultura y la ganadería, considera:
- Registrar y reportar pérdidas a autoridades locales para facilitar ayudas y evaluación de daños.
- Proteger reservas de alimento y forraje, revisar opciones de almacenamiento seguro y rotación de existencias.
- Atender comunicados oficiales sobre alertas climáticas y rutas seguras en caso de evacuación.
Para consumidores urbanos: verificar precios, optar por compras responsables y apoyar canales locales de abasto cuando sea posible, lo que ayuda a sostener la economía rural.
El riesgo que plantea El Niño es amplio y exige combinar medidas inmediatas de protección con políticas públicas de largo plazo que aumenten la resiliencia de los sistemas agroalimentarios. La experiencia reciente en Bolivia y los datos globales sobre inseguridad alimentaria subrayan que la anticipación y la cooperación interinstitucional serán claves para evitar que episodios climáticos se traduzcan en crisis alimentarias masivas.