El presidente Javier Milei reconoció públicamente que los resultados económicos del inicio de su gestión no han sido los esperados y, con ello, dejó al descubierto tensiones internas que colocan al gabinete y a su mesa política ante decisiones clave sobre el rumbo del programa económico.
Un diagnóstico público y sus implicaciones
El propio mandatario admitió que “los indicadores no estarían evolucionando tan positivamente como esperábamos en un primer momento”, una frase que, por su rareza en la retórica oficial, cobró relevancia inmediata. Esa admisión llegó después de la difusión de datos del INDEC que muestran que, tras la caída de julio, la actividad económica creció apenas un 0,1% en agosto. Según el informe citado, solo un incremento superior al 8% en septiembre evitaría una recesión técnica.
El programa en tensión
La combinación entre cifras magras y declaraciones públicas trasladó al debate interno la pregunta central: ¿qué hacer cuando el marco fiscal que permitió la reducción de inflación comienza a mostrar signos de agotamiento? En la Casa Rosada, la respuesta no es unívoca y la ausencia de una estrategia de reemplazo añadió ruido político.
Ese dilema ha provocado choques de narrativa y prioridades dentro del oficialismo. Mientras algunos funcionarios insisten en la preservación del plan como eje inamovible, otros plantean la necesidad de ajustar el timing o los instrumentos para evitar un desgaste mayor en la opinión pública y en la gestión cotidiana.
Descoordinación en proyectos y negociaciones clave
La descoordinación se hizo patente en la gestión de proyectos parlamentarios recientes, entre ellos una iniciativa sobre discapacidad que funcionó como catalizador de críticas internas sobre la falta de coherencia en la mesa política. Al mismo tiempo, la negociación estratégica con gobernadores —especialmente la discusión sobre la posible suspensión de las PASO— exhibió divisiones profundas sobre el momento y el costo político de cualquier acuerdo.
- Diego Santilli impulsa acelerar las negociaciones con gobernadores.
- Eduardo y Martín Menem prefieren postergar un acuerdo por temor a pagar un costo político.
- Karina Milei aparece en medio de la disputa, sin una posición única pública.
Además, la líder opositora Patricia Bullrich mantuvo reservas y activó posicionamientos como eventual alternativa si el presidente no mejora su competitividad electoral. En tanto, el economista Luis Caputo pidió insistentemente un blindaje al programa mediante un pacto con las provincias, una opción a la que, por ahora, la mesa de gobierno no llega a un acuerdo unificado.
Riesgos políticos y económicos
La lectura que predomina entre asesores es que el programa económico ha perdido impulso y que la política debe tomar la iniciativa para contener consecuencias mayores. El riesgo inmediato es doble: una profundización del malestar por la desaceleración económica y la posibilidad de que la fragmentación interna erosione la capacidad del Ejecutivo para aprobar cambios o blindajes necesarios.
La disputa sobre el momento de la negociación con gobernadores —y sobre si atar la continuidad del plan a concesiones como la suspensión de las PASO— revela además un cálculo electoral detrás de decisiones que, en otro contexto, serían estrictamente técnicas.
| Dato | Valor citado |
|---|---|
| Crecimiento de la actividad (agosto) | 0,1% |
| Incremento necesario en septiembre para evitar recesión técnica | >8% |
“Los indicadores no estarían evolucionando tan positivamente como esperábamos en un primer momento”
En este contexto, la explicación pública del presidente sobre los “endeudados ‘del día 20’” —mencionada en varias intervenciones y entrevistas— también generó desconcierto y fue interpretada por algunos interlocutores como una expresión de frustración frente a la complejidad de la gestión actual.
El desafío para el oficialismo es, por tanto, doble: encontrar una respuesta económica creíble que evite el deterioro de la actividad y, al mismo tiempo, cerrar las fisuras políticas que impiden un acuerdo con gobernadores y actores clave de la coalición. Sin una estrategia clara, la tensión entre el diagnóstico público y la ausencia de un plan alternativo sólo profundizará la incertidumbre sobre la capacidad del gobierno para sostener su proyecto durante el próximo año.