La experiencia del embarazo y del posparto puede afectar de manera notable la salud mental de la mujer, incluso cuando la gestación ha sido deseada y el nacimiento transcurre sin complicaciones, advierte Carla Martorell, psicóloga vinculada a Next Fertility. Los ajustes físicos, hormonales y psicosociales que acompañan a estas etapas pueden generar un abanico de emociones que van desde la ilusión hasta la ansiedad y la tristeza.
Transformaciones múltiples y respuestas variadas
Martorell explica que la maternidad implica «un proceso de transformación a muchos niveles»: además de los cambios corporales y endocrinos, la llegada de un hijo pone en marcha una redefinición de roles, rutinas y expectativas personales. Esa adaptación exige una reorganización de la identidad y de las responsabilidades que puede provocar malestar emocional.
«No existe una única manera de vivir la maternidad, y la salud mental puede verse afectada incluso cuando el embarazo ha sido deseado»
La profesional apunta que la idealización social de la maternidad contribuye a que muchas mujeres oculten o minimicen sus dudas y malestares. En consecuencia, sentimientos como la incertidumbre, el miedo o la ansiedad a menudo pasan desapercibidos y no reciben la atención adecuada.
Cuándo diferenciar cambios esperables de un trastorno
Según la psicóloga, es imprescindible distinguir las respuestas emocionales normales de un trastorno depresivo mayor. Aunque no todos los cambios requieran diagnóstico psiquiátrico, cualquier malestar merece valoración y puede beneficiarse de intervención terapéutica para preservar el bienestar de la madre y del bebé.
- Síntomas frecuentes: incertidumbre, ansiedad, tristeza, miedos y dificultades en la adaptación a la nueva rutina.
- Factores que agravan el malestar: enfermedades del bebé, complicaciones en embarazo o parto, falta de apoyo social.
- Recomendación profesional: no esperar a estar «muy mal» para solicitar ayuda; la evaluación precoz puede mejorar el pronóstico.
Martorell insiste en que la atención a la salud mental en el embarazo y el posparto debe ser proactiva: los equipos sanitarios y las redes de apoyo pueden identificar señales de riesgo y facilitar recursos terapéuticos o de acompañamiento antes de que el malestar evolucione a trastorno clínico.
Intervención y acompañamiento
La psicóloga destaca que la intervención no tiene por qué centrarse únicamente en la patologización del sufrimiento. El abordaje puede incluir apoyo psicosocial, estrategias de afrontamiento, psicoeducación y, cuando procede, tratamiento psicológico o derivación a recursos especializados. El objetivo es mejorar la calidad de vida de la mujer y su capacidad para cuidar al recién nacido.
| Aspecto | Qué observar |
|---|---|
| Emociones | Ansiedad, tristeza, dudas sobre la maternidad |
| Funcionalidad | Dificultad para realizar tareas cotidianas o cuidar del bebé |
| Tiempo de evolución | Sintomatología persistente o agravamiento tras las primeras semanas |
La especialista recuerda que no existe un patrón único para vivir la maternidad y que la normalización de la diversidad de experiencias ayuda a reducir la estigmatización. Subraya, asimismo, que la detección y el tratamiento tempranos son claves para prevenir consecuencias más graves sobre la salud mental de la madre y el desarrollo del bebé.
En definitiva, la llamada de Martorell es a visibilizar el impacto psicológico del embarazo y el posparto, promover la escucha profesional y comunitaria y facilitar recursos terapéuticos accesibles, porque, como ella señala, no es preciso llegar a un umbral alto de sufrimiento para beneficiarse de una evaluación y de apoyo.