La llegada del fenómeno de El Niño amenaza con empujar a la Amazonía hacia un deterioro difícil de revertir tras una reciente sequía que redujo la humedad del bosque y dejó ríos en niveles mínimos históricos. Investigaciones citadas por Nature subrayan que la capacidad de recuperación del ecosistema es más débil de lo esperado y que un nuevo episodio cálido podría desencadenar incendios de gran magnitud en áreas hasta ahora poco afectadas.
Datos satelitales y ritmo de recuperación
Un análisis que abarca 33 años de datos obtenidos por radar muestra que, durante las sequías de 2023-2024, dos indicadores clave de salud forestal —la humedad retenida y la cantidad de materia vegetal viva— cayeron a sus niveles más bajos desde 1992, inicio de los registros. Según los autores, menos de la mitad del área forestal afectada habrá recuperado las condiciones previas a la sequía en un plazo de siete años.
Los investigadores advierten que ese ritmo de recuperación convierte al episodio reciente en la recuperación más lenta observada por satélite tras una gran sequía en la cuenca amazónica. Esa desaceleración incrementa la vulnerabilidad del bosque ante nuevos choques climáticos.
El Niño como factor multiplicador
Los episodios de El Niño, que se producen aproximadamente cada dos a siete años, alteran los patrones climáticos globales y suelen asociarse en la cuenca amazónica con condiciones más secas. El estudio y expertos citados señalan que la sobreposición de sequías consecutivas, el calentamiento global y temporadas graves de incendios elevan el riesgo de que el sistema forestal supere un punto de inflexión irreversible.
«Veremos cuánta vegetación podría perder»
Bernardo Flores, especialista en resiliencia amazónica del Instituto Juruá en Manaos, alertó sobre la posibilidad de que, si El Niño alcanza la intensidad prevista, se desaten incendios en zonas que hasta ahora se consideraban fuera de riesgo, aumentando la pérdida de biomasa y reduciendo la capacidad de recuperación del bosque.
Consecuencias ecológicas y climáticas
La Amazonía desempeña funciones esenciales para el clima global: almacenamiento de carbono, regulación hídrica y mantenimiento de biodiversidad. Un debilitamiento progresivo de su salud puede tener efectos en cadena, entre ellos:
- Mayor emisión de carbono a la atmósfera por la combustión y la descomposición de materia vegetal.
- Alteración de los ciclos hidrológicos regionales, con impactos en precipitaciones en grandes extensiones de Sudamérica.
- Pérdida de hábitats y reducción de la resiliencia frente a futuras perturbaciones climáticas.
Los científicos enfatizan que la Amazonía no es homogénea y que la vulnerabilidad varía por región, pero la convergencia de factores adversos eleva la probabilidad de que se produzcan cambios persistentes en la estructura y el funcionamiento del bosque.
Advertencia para políticas y gestión
El diagnóstico que apunta a una recuperación lenta tras la sequía y el riesgo adicional que supone El Niño plantea la necesidad de ajustar estrategias de prevención y respuesta. Entre las prioridades que surgen de las conclusiones del estudio figuran fortalecer la vigilancia satelital y local, mejorar la capacidad de respuesta ante incendios y proteger corredores y áreas clave para facilitar la recuperación ecológica.
Los autores y especialistas citados subrayan también la importancia de abordar las causas subyacentes, en particular el calentamiento global, cuya interacción con episodios extremos incrementa la probabilidad de alcanzar umbrales críticos en ecosistemas como el amazónico.
La confluencia de sequías, pérdida de humedad del suelo y estaciones de incendios más severas configura un escenario en el que la Amazonía, la mayor selva tropical del planeta, encara una prueba decisiva para su estabilidad futura.