Especialistas en medio ambiente y salud pública sostienen que una modificación en los hábitos alimentarios y en la gestión del territorio puede contribuir tanto a la mejora de la salud de la población como a la reducción del riesgo de incendios forestales. El argumento, desarrollado en una guía promovida por organizaciones ecologistas, sitúa a la dieta basada en productos locales y menos carne industrializada como un elemento clave en esta estrategia integral.
Una doble ventaja: salud y territorio
Según los autores de la guía citada por expertos, la sustitución paulatina de patrones de consumo con elevada presencia de producto cárnico industrial por alternativas más próximas y de menor impacto ambiental tendría efectos positivos en dos frentes. En primer lugar, en la salud pública, al asociarse el consumo excesivo de carne procesada y de baja calidad con mayor riesgo de ciertos cánceres y otras enfermedades crónicas. En segundo lugar, en la prevención de incendios, al favorecer sistemas agroganaderos extensivos que ayudan a mantener el paisaje abierto y reducen la acumulación de combustible vegetal.
«Se ha demostrado mediante evidencia científica que abandonar el modelo de dieta mediterránea, que la generación de nuestras abuelas y abuelos mantenían con total normalidad, ha sido peor para el medioambiente»
La declaración corresponde a Andrés Muñoz, responsable de Soberanía Alimentaria de Amigos de la Tierra, uno de los coordinadores de la guía. Para los impulsores del documento, no se trata de promover una moda gastronómica, sino de replantear la relación entre alimentación, producción y uso del territorio.
Gestión del monte y ocupación rural
Los expertos explican que la producción ganadera intensiva está estrechamente vinculada a modelos agroindustriales y a la importación de piensos como soja y maíz, cuya producción en terceros países ocasiona deforestación y pérdida de biodiversidad. Esa cadena alimentaria contribuye, además, a la disminución de la ganadería extensiva —la modalidad tradicional que integra pastoreo en el paisaje— y favorece el abandono rural.
El abandono de zonas rurales y la pérdida de actividades como el pastoreo se señalan como factores que incrementan la vulnerabilidad de los montes, por la acumulación de biomasa y la ausencia de técnicas de gestión preventiva que históricamente mantenían el paisaje más defendible frente al fuego.
- Menos carne industrial: reduce presión sobre monocultivos y deforestación asociada a la producción de piensos.
- Más ganadería extensiva: contribuye al pastoreo que mantiene el monte y disminuye acumulación de combustible vegetal.
- Recuperar cocina tradicional: priorizar productos locales y de temporada que fortalecen la economía rural y la seguridad alimentaria.
Implicaciones para políticas públicas
La propuesta plasma una intersección entre políticas sanitarias, agrarias y ambientales. Implementarla implica, entre otras medidas, incentivar modelos de producción sostenibles, apoyar económicamente a los ganaderos extensivos y promover cadenas cortas de suministro. Además requeriría campañas de educación alimentaria que articulen beneficios para la salud y el territorio.
| Problema | Medida sugerida | Beneficio esperado |
|---|---|---|
| Consumo elevado de carne industrial | Reducir cantidad y aumentar calidad | Mejora de salud pública |
| Abandono rural y acumulación de biomasa | Fomentar ganadería extensiva y gestión del monte | Menor riesgo de incendios |
Organizaciones ecologistas subrayan que la transición no es automática ni exclusiva de la dieta: intervienen factores económicos, sociales y de gobernanza. No obstante, consideran que ajustar los patrones de consumo es una palanca relevante dentro de un paquete más amplio de políticas públicas orientadas a la mitigación de riesgos ambientales y a la mejora de la salud colectiva.
Para que estas propuestas se traduzcan en resultados palpables, los expertos señalan la necesidad de articular ayudas a la producción local, formación para la gestión del territorio y medidas fiscales que favorezcan alimentos de menor huella ambiental, sin que ello suponga una carga adicional para hogares con menor poder adquisitivo.
El enfoque inscribe la salud pública en una visión sistémica: los cambios en la manera de alimentarse pueden repercutir en el paisaje y, a su vez, en la seguridad frente a fenómenos extremos como los incendios, que cada verano afectan a miles de hectáreas en España.