El aumento de las temperaturas sitúa al estrés térmico como un riesgo laboral creciente que exige respuestas inmediatas de empresas y administraciones. Datos oficiales y de organizaciones sindicales señalan que el calor extremo incrementa los accidentes laborales y contribuye a una elevada mortalidad vinculada al trabajo al aire libre, por lo que la prevención se erige como prioridad para evitar más siniestros.
Dimensión del problema
Según fuentes citadas por la organización sindical USO y referencias del Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo y AEMET, durante las olas de calor los accidentes laborales se incrementan un 17,4 %. Además, en España el 26 % de la plantilla —más de 5,5 millones de personas— declara haber estado expuesta a calor extremo en su trabajo, y aproximadamente el 17 % de la población activa (unos 3,8 millones) realiza tareas bajo radiación solar intensa, frente al 12 % de media en la Unión Europea.
A escala global, se estima que más de 2.400 millones de trabajadores están expuestos anualmente al calor extremo, lo que ha contribuido a que alrededor de 19.000 personas fallezcan cada año por causas relacionadas con la exposición térmica en el ámbito laboral. Las proyecciones apuntan a que los episodios de calor de los últimos años no serán excepciones, por lo que las previsiones meteorológicas y los registros de mortalidad ocupacional centran la atención de los responsables de prevención y salud pública.
| Indicador | Valor |
|---|---|
| Aumento de accidentes en olas de calor | 17,4 % |
| Trabajadores expuestos en España | 26 % (~5,5 millones) |
| Población activa bajo radiación intensa | 17 % (~3,8 millones) |
Marco legal y obligaciones empresariales
La normativa vigente obliga a las empresas a integrar el riesgo derivado del calor en su gestión preventiva. La Ley de Prevención de Riesgos Laborales (LPRL) y el Real Decreto-ley 4/2023, de 11 de mayo establecen requisitos claros sobre la evaluación de riesgos y la planificación de la actividad preventiva ante condiciones de temperatura extrema.
Entre las actuaciones exigibles a los empleadores se incluyen:
- Realizar evaluaciones específicas de la exposición al calor y a la radiación UV.
- Adaptar la organización del trabajo: horarios, pausas y rotaciones para reducir la exposición.
- Proporcionar medidas colectivas y equipos de protección individual cuando proceda.
- Formación e información a la plantilla sobre signos de golpe de calor y medidas de autoprotección.
- Vigilancia de la salud de las personas trabajadoras en función de los riesgos identificados.
Consecuencias sobre la salud y necesidades de prevención
El impacto del calor en la salud laboral va desde la fatiga y disminución de la capacidad de atención hasta patologías graves como el golpe de calor, que puede resultar mortal si no se actúa con rapidez. Además, la exposición prolongada a altas temperaturas y a radiación solar incrementa el riesgo de enfermedades crónicas y empeora el control de condiciones preexistentes.
Frente a este panorama, sindicatos y expertos reclaman planes sectoriales y medidas específicas para los colectivos más expuestos —trabajadores del campo, la construcción, transporte y servicios al exterior—, así como recursos y guías prácticas accesibles para las representaciones de las personas trabajadoras.
Implicaciones prácticas
La combinación de cifras alarmantes y un marco legal que obliga a actuar convierte la prevención frente al estrés térmico en una responsabilidad compartida. Las empresas deben anticiparse y adaptar sus políticas para proteger a la plantilla; las autoridades deben facilitar instrumentos técnicos y vigilancia epidemiológica; y la representación de las personas trabajadoras debe participar activamente en la planificación preventiva.
El calor ya no es una contingencia estacional aislada sino un riesgo laboral persistente que exige medidas sostenidas en el tiempo para preservar la salud y la seguridad de millones de trabajadores.