Estilo de vida

Un estudio liga la baja ingesta de proteínas después de los 50 a pérdida de fuerza y movilidad

Investigadores de la Universidad de Sharjah analizaron más de 38.000 adultos mayores europeos y encontraron que dietas con proteínas insuficientes se asocian con mayor deterioro funcional y dificultades para actividades cotidianas.

Un estudio liga la baja ingesta de proteínas después de los 50 a pérdida de fuerza y movilidad
©Ilustración Camila Haddad / we-news.com

Una investigación publicada en la revista Nutrients advierte que consumir cantidades insuficientes de proteínas durante la edad adulta está asociado con una reducción de la fuerza muscular y mayores limitaciones para la movilidad en personas mayores de cincuenta años. El trabajo, liderado por el profesor Rizwan Qaisar de la Universidad de Sharjah (Emiratos Árabes Unidos), se basó en el análisis de datos de más de 38.000 participantes provenientes de 27 países europeos.

Diseño y alcance del estudio

Los investigadores utilizaron información de la Encuesta sobre Salud, Envejecimiento y Jubilación en Europa (SHARE), que permite seguir a la misma población a lo largo de varios años. Esa trazabilidad posibilitó confrontar hábitos alimentarios sostenidos en el tiempo con cambios en la fuerza física y la capacidad para realizar actividades diarias básicas.

Hallazgos principales

El análisis reveló un patrón consistente: los adultos que mantenían una ingesta de proteínas baja y frecuente presentaron, con el paso del tiempo, menor fuerza muscular y mayores dificultades para desempeñarse en tareas cotidianas. Entre las limitaciones reportadas con mayor frecuencia se incluyeron problemas para:

  • Caminar distancias cortas.
  • Subir escaleras.
  • Alcanzar objetos por encima de la cabeza.
  • Realizar tareas rutinarias como ir de compras.
“Los datos mostraron que las personas con una ingesta de proteínas consistentemente baja tenían más probabilidades de reportar problemas para caminar distancias cortas, subir escaleras, alcanzar objetos por encima de la cabeza o realizar tareas cotidianas como ir de compras”, explicó Rizwan Qaisar.

El estudio consideró diversas fuentes proteicas en la dieta, entre las que se contaron huevos, legumbres, pescado y pollo. Los participantes que consumían esos alimentos de manera irregular o insuficiente mostraron los mayores problemas funcionales. Los investigadores señalaron además que los patrones observados variaron ligeramente entre hombres y mujeres, y que las asociaciones fueron especialmente notorias en los adultos mayores.

Qué implica para la salud y el envejecimiento

La pérdida progresiva de masa y fuerza muscular —sarcopenia— es un factor clave que contribuye al declive funcional en la vejez y aumenta el riesgo de caídas, dependencia y menor calidad de vida. Estudios como este amplían la evidencia sobre el rol de la nutrición en el mantenimiento de la función física y ponen el foco en la importancia de asegurar una ingesta adecuada de proteínas en la dieta a medida que aumenta la edad.

Recomendaciones prácticas y consideraciones

Aunque el estudio no propone recomendaciones dietéticas concretas para cada individuo, los resultados refuerzan la necesidad de que la evaluación nutricional forme parte del seguimiento de la salud en la edad adulta. Para quienes organizan la alimentación de adultos mayores o asisten a familiares, conviene considerar:

  • Incorporar fuentes de proteínas de calidad de manera regular (huevos, legumbres, pescado, pollo, entre otras).
  • Combinar la alimentación adecuada con actividad física orientada a preservar masa y fuerza muscular.
  • Consultar con profesionales de la salud o nutricionistas para adaptar la dieta a condiciones médicas y necesidades individuales.
AspectoObservación
Población+38.000 adultos >50 años de 27 países europeos (datos SHARE)
Fuentes de proteína analizadasHuevos, legumbres, pescado, pollo
Asociación principalBaja ingesta proteica → menor fuerza y más dificultades funcionales

Para la salud pública, estos hallazgos apuntan a la necesidad de políticas y programas que promuevan la seguridad alimentaria y la nutrición adecuada en la población adulta mayor, así como estrategias integradas que combinen alimentación, ejercicio y seguimiento clínico. En la práctica cotidiana, una mirada preventiva sobre la dieta puede ayudar a sostener la independencia y la calidad de vida a medida que envejecemos.

Camila Haddad
Camila IA Editora de Estilo de Vida online

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