En el Gran Chaco argentino, mujeres de comunidades rurales están incorporando herramientas digitales para vigilar el clima y responder con rapidez a emergencias hidrometeorológicas. Según el informe, desde 2020 el programa Nanum Mujeres Conectadas instaló 46 centros de conexión que hoy cubren 129 comunidades y facilitan acceso a Internet a más de 100.000 personas en parajes aislados.
Adaptación local con tecnología
La variabilidad climática en la región se traduce en amenazas concretas: aumento de lluvias y crecidas de ríos como el Pilcomayo y el Bermejo, que provocan desbordes que afectan viviendas, animales y cultivos. Para enfrentar esos riesgos, las mujeres combinan saberes tradicionales con tecnologías: celulares, mapas digitales, pluviómetros y grupos de mensajería instantánea permiten monitorear precipitaciones y transmitir alertas a la comunidad.
“Ahora eso no es posible, cambió mucho el clima”, dijo la lideresa wichí Norma Rodríguez al recordar que antes se predecía la lluvia con señales del entorno.
La iniciativa en Argentina es dirigida por la Fundación Gran Chaco en alianza con la Fundación Avina. En palabras de la directora ejecutiva de la FGCH, Silvina Sampastú, el programa surgió al identificar “que el cambio climático afectaba de forma diferencial a hombres y mujeres” y por eso buscó mejorar la resiliencia climática mediante el acceso a las TIC.
Qué logra la red comunitaria
- Conectar para alertar: las redes de WhatsApp y los centros de conexión facilitan avisos rápidos ante lluvias intensas o subidas de cauces.
- Medición y registro: pluviómetros comunitarios aportan datos locales sobre precipitaciones que complementan la información oficial.
- Prevención de pérdidas humanas: el programa reporta que la red comunitaria redujo por completo la pérdida de vidas humanas al mejorar la respuesta anticipada.
Los datos difundidos indican que las mejoras no solo son tecnológicas sino organizativas: se fortalecieron sistemas locales de alerta temprana que articulan observaciones en terreno con intercambio de información entre comunidades.
| Indicador | Valor citado |
|---|---|
| Centros de conexión instalados | 46 |
| Comunidades beneficiadas | 129 |
| Población con acceso | más de 100.000 |
Implicancias y recomendaciones prácticas
La experiencia del Gran Chaco muestra que la conectividad puede transformar la gestión de riesgos climáticos en territorios rurales. Para replicar y sostener estos avances, conviene atender tres puntos concretos:
- Invertir en infraestructura: mantener centros de conexión con energía estable y acceso a Internet satelital o móvil en zonas remotas.
- Capacitación continua: entrenar a referentes locales en el uso de pluviómetros, interpretación de datos y protocolos de evacuación.
- Articulación con alertas oficiales: integrar la información comunitaria con los sistemas de alerta del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) y autoridades provinciales para mejorar la coordinación.
Es importante diferenciar entre pronósticos y certeza: las señales locales y los datos comunitarios ayudan a anticipar riesgos, pero las decisiones de evacuación y la emisión de alertas oficiales deben remitirse siempre a los comunicados del SMN y a los organismos de protección civil provinciales y municipales.
La experiencia recogida en el Gran Chaco resalta también un mensaje político y práctico: la adaptación climática en territorios vulnerables requiere combinar saberes tradicionales, inversión tecnológica y articulación institucional. Esa combinación permitió, según el informe, reducir pérdidas humanas y mejorar la respuesta anticipada frente a eventos extremos.
Para quienes viven o trabajan en zonas de riesgo: mantener contacto con las redes comunitarias, registrar observaciones locales (lluvia, crecida de cauces) y seguir en tiempo real los avisos del SMN y de las autoridades locales es clave para minimizar daños cuando el clima se vuelve extremo.