La selva misionera y sus ríos vuelven a marcar el ritmo en la vida cotidiana de la provincia: la intensa crecida del Paraná y del Iguazú mantuvo este domingo clausurados diez pasos fronterizos, en una medida preventiva que afecta la conectividad con países vecinos y el tránsito ribereño.
Situación en los ríos y pasos fronterizos
Según el relevamiento oficial de la Dirección General de Seguridad, el río Paraná alcanzó una cota de 31 metros en Puerto Iguazú y llegó a 10,20 metros en Santa Ana. El Iguazú, por su parte, registró 30 metros, valor que fue informado como unos 20 metros por encima de su altura habitual en sectores específicos.
Ante esos registros, las autoridades provinciales y de control fronterizo resolvieron suspender temporalmente el paso por diez pasos internacionales y ribereños. Además, se interrumpieron los servicios de lanchas y balsas en los cruces afectados, como medida de seguridad hasta que los cauces muestren tendencia a la baja.
Rutas y condiciones viales
En contraste con la situación de los pasos fronterizos, la circulación por las principales arterias nacionales se mantiene fluida: las rutas nacionales 12 y 14 funcionan con normalidad en toda la provincia. En cambio, continúa interrumpida la ruta provincial 103, que atraviesa zonas ribereñas cercanas a Santa Ana y se ve comprometida por la creciente.
Por el momento, no se habían reportado evacuados, y las fuentes oficiales indicaron que el resto de las rutas provinciales operan sin mayores inconvenientes. No obstante, la situación es dinámica y las autoridades locales mantienen la vigilancia en los corredores fluviales y las zonas urbanas de la costa.
Impacto local: turismo, comercio y vida fronteriza
Puerto Iguazú, ciudad marcada por el flujo constante de visitantes y por su vecindad con el Paraguay y Brasil, queda en situación de alerta cuando suben los ríos. El cierre de pasos fronterizos complica especialmente a quienes trabajan en actividades comerciales transfronterizas, al transporte de mercaderías y al turismo de baja escala que utiliza balsas y lanchas.
En las pequeñas chacras y en los barrios pegados a la costa, la gente sigue de cerca las mediciones y prepara defensas caseras donde corresponde. La selva, esa cortina verde que abraza ríos y caminos, facilita la erosión en sectores no consolidados, por lo que la población ribereña permanece atenta a eventuales cambios en la dinámica del agua.
- Pasos fronterizos cerrados: 10 (medida preventiva por la crecida).
- Rutas nacionales 12 y 14: operativas en toda la provincia.
- Ruta Provincial 103: interrumpida en zona de Santa Ana.
- Evacuados: No se registraron hasta el último informe oficial.
Lecturas de caudales en la provincia
| Río / Punto | Nivel informado |
|---|---|
| Paraná - Puerto Iguazú | 31,00 m |
| Paraná - Santa Ana | 10,20 m |
| Iguazú (sector medido) | 30,00 m (unos 20 m por encima de lo habitual) |
| Uruguay - El Soberbio | 4,35 m |
| Uruguay - Alba Posse | 3,63 m |
| Uruguay - San Javier | 4,54 m |
Los registro del río Uruguay, en otras cuencas de la provincia, se mantienen dentro de parámetros considerados normales por las autoridades: en El Soberbio 4,35 m, en Alba Posse 3,63 m y en San Javier 4,54 m, por lo que los servicios de balsas y lanchas en esos sectores siguen habilitados.
Prevención y recomendaciones
En esta época en que la selva y los ríos marcan estaciones de agua, las autoridades recomiendan evitar circulaciones por sendas ribereñas, no cruzar en balsas improvisadas y atender las indicaciones de la policía y de Defensa Civil. Para el transporte de cargas y los viajes turísticos de paso fronterizo, lo aconsejable es consultar con antelación el estado de los cruces y prever itinerarios alternativos.
La provincia seguirá monitoreando los cauces, y los equipos de seguridad mantienen patrullajes en las zonas de riesgo. En Puerto Iguazú, el pulso del río modifica la geografía cotidiana: los vecinos que conocen la cota de la marea dulce observan con atención la línea del agua, mientras la ciudad y sus hoteles esperan señales de estabilización para retomar la normalidad del intercambio fronterizo y turístico.
El avance de la temporada hidrológica plantea, una vez más, el desafío de convivir con ríos que alimentan la selva y, a la vez, obligan a planificar —con cautela— la vida en las márgenes.