En plena era de historias perfectas en redes y selfies desde playas remotas, hay gente que simplemente no goza viajar. Desde la incomodidad de las multitudes hasta el pánico a salir de la zona de confort, el desinterés por el turismo se ha hecho visible: no se trata sólo de falta de dinero o tiempo, sino de una postura consciente ante un fenómeno que, para muchos, dejó de ser lúdico.
¿Por qué no quieren subirse al avión?
Las razones que explican este rechazo son diversas y se superponen: hay quien sufre hodofobia —miedo a desplazarse por tierra o aire y a alejarse del entorno habitual—; otros protestan por los efectos colaterales del turismo masivo, como la gentrificación, el consumismo desatado o la contaminación. La pandemia, además, puso en perspectiva la necesidad o no de tantos viajes: el mundo se hizo, para muchos, más pequeño y menos imprescindible.
"En vez de ser lúdico, es estresante"
La frase anterior, que circula en testimonios de quienes reniegan del turismo convencional, resume la sensación que reportan varias voces: lo que debería ser descanso se convierte en una lista de problemas logísticos y emocionales. Para varios de estos críticos, el show de las redes —las fotos en atolones, en subtes de Tokio o en mercados europeos— se percibe como un guion que obliga a exhibir experiencias, aunque el resultado sea estrés y sobreexposición.
Contexto histórico y social
La aversión a viajar no es nueva: ya figuras históricas optaron por evitar desplazamientos innecesarios. En el texto fuente se recuerda que César Augusto prefería viajes terrestres y evitaba moverse sin necesidad. Hoy la decisión de no viajar entronca tanto con cuestiones personales —ansiedad, pánico a volar— como con debates públicos sobre la sostenibilidad del turismo y su impacto en comunidades receptoras.
Estas críticas se enmarcan en una corriente que cuestiona la romantización del viaje: la narrativa que asegura que viajar te hace “mejor” se enfrenta a argumentos sobre la externalidad del turismo. Para algunos, la proliferación de visitantes colapsa infraestructuras, eleva precios locales y transforma barrios hasta expulsar a sus habitantes originales.
- Hodofobia: miedo al desplazamiento y a lo impredecible.
- Impacto social: gentrificación y cambios en la vida cotidiana de los destinos.
- Impacto ambiental: contaminación asociada a la movilidad y al consumo turístico.
| Motivo | Descripción |
|---|---|
| Estrés | Turismo puede resultar agotador y logísticamente complejo |
| Redes sociales | Presión por mostrar experiencias ideales |
| Consecuencias locales | Gentrificación y cambios socioeconómicos en destinos |
Si eres de los que disfrutan quedarse en casa sin que nadie te ponga etiqueta de “anticultural”, te verás reflejado en quienes deciden alejarse del turismo mainstream. No odian informarse sobre el mundo, pero rechazan participar del modelo masivo que, según ellos, deja más daños que beneficios.
Posibles consecuencias culturales
El auge de esta postura puede provocar varios efectos: desde una mayor difusión de formas de viaje más responsables hasta debates sobre la obligatoriedad social de “ser viajero”. También abre la puerta a reconocer la diversidad de formas de ocio y descanso: no todo el mundo busca la misma experiencia ni debe justificarse por ello.
Así que la próxima vez que en redes te topes con pies al sol en una isla caribeña, recuerda que hay un creciente número de personas que no se identifican con esa narrativa. Y no, no son menos curiosos ni menos cultos; simplemente han decidido que, para su bienestar y para el cuidado de otros, prefieren no viajar tanto o no hacerlo del modo habitual. Tú decides: ¿te unes al club de los antituristas o vas por la maleta y el pasaporte?