Más de 500 escritores, artistas y activistas han suscrito un manifiesto que respalda la decisión de excluir a la autora Ariana Harwicz del Festival Internacional de Arte, Literatura y Humanidades CULTUR ALH de Granada. La iniciativa, difundida en Madrid y difundida por Europa Press, supone un claro posicionamiento de una parte del mundo cultural en torno a la tensión entre libertad de expresión y la denuncia de discursos que —según los firmantes— pueden normalizar o justificar la violencia contra el pueblo palestino.
Dos bandos en un mismo debate
El texto, firmado por más de medio millar de personalidades, defiende la retirada de la invitación a Harwicz y ensalza la labor de quienes desde la comunidad universitaria llevaron la discusión a los espacios institucionales al señalar lo que consideraron “discursos negacionistas o justificatorios de la violencia contra el pueblo palestino”. Entre los nombres que aparecen en la lista están las autoras Cristina Rivera Garza, Marta Sanz, la cineasta Lucrecia Martel, y los escritores Alejandro Zambra y Camila Sosa, además de figuras como Paul B Preciado.
El manifiesto también suma apoyos de creadoras y pensadoras reconocidas como Nerea Pérez de las Heras, María Galindo, Rita Indiana, Fernanda Trías, Carmen Ollé, Julián López, Nona Fernández, Alana Portero, Lydia Cacho, Pilar Quintana, Elaine Vilar Madruga, Brigitte Vasallo y Juan Cárdenas.
"No amenazamos la integridad de nadie. No perseguimos identidades. No sembramos violencia. Proponemos organización, boicot, protesta y acción colectiva, pública, pacífica y legal"
Con esa declaración, los firmantes subrayan que su acción busca articular una respuesta pública y organizada frente a lo que consideran actos culturales que podrían legitimar violencia.
Respaldo y contrapuntos
La exclusión de Harwicz no quedó sin defensores. Según la información a la que tuvo acceso Europa Press, más de 350 personalidades vinculadas a la literatura, las artes y el pensamiento manifestaron su solidaridad con la escritora tras conocerse su retirada del festival. Entre esos apoyos, se menciona que el novelista irlandés John Banville declinó participar en el encuentro tras la cancelación de la intervención de la autora argentina.
- Firmantes a favor de la exclusión: más de 500 personalidades.
- Apoyos a Ariana Harwicz: más de 350 figuras del ámbito cultural.
- Motivo central de la disputa: posiciones públicas vinculadas al rechazo al boicot cultural y presuntas declaraciones que algunos consideran justificatorias de violencia.
El caso expone un conflicto que no es nuevo en la esfera cultural: el choque entre la defensa de la libertad creativa y de expresión, y la exigencia de responsabilidad ética de quienes ocupan espacios públicos en contextos de violencia política. En esta ocasión, la controversia trasciende fronteras y convoca tanto a firmantes de distintas nacionalidades como a instituciones culturales que deben dirimir si la inclusión o exclusión de voces forma parte de una práctica legítima de protesta o de una censura injustificada.
| Posición | Número aproximado de firmantes |
|---|---|
| Apoyo a la exclusión de Harwicz | +500 |
| Solidaridad con Harwicz | +350 |
Los firmantes que apoyan la exclusión recalcan que su acción es pública, pacífica y legal, y apuntan a la necesidad de no normalizar discursos que, a su juicio, contribuyen a la justificación de la violencia. Del otro lado, la movilización de apoyos a Harwicz alerta sobre el riesgo de que las decisiones de programación cultural se conviertan en instrumentos de castigo simbólico que limiten la circulación de ideas.
El episodio en Granada continuará siendo observado por la comunidad cultural iberoamericana, donde debates similares han marcado agendas editoriales, festivales y universidades. Para los organizadores del festival y las instituciones implicadas, la tensión plantea preguntas concretas sobre criterios de invitación, transparencia y mecanismos para dirimir controversias en ámbitos culturales.
En un momento en que la cultura es campo de disputa política y moral, la disputa alrededor de Ariana Harwicz es reflejo de debates más amplios sobre memoria, violencia y responsabilidad pública en las artes.