El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, vinculó este lunes el ascenso del partido ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) en las elecciones regionales de Mecklemburgo-Antepomerania con el deterioro económico en Alemania tras la decisión de Berlín de dejar de adquirir gas ruso.
Peskov eludió hacer un comentario directo sobre la victoria de AfD —que logró entre el 37,3 % y el 37,9 % según las primeras proyecciones— y señaló que se trata de «un asunto interno de Alemania». No obstante, aprovechó su intervención en la rueda de prensa telefónica para vincular la baja popularidad de la Unión Cristianodemócrata (CDU), formación del canciller Friedrich Merz, con lo que describió como una pérdida de competitividad de la economía alemana.
«Observamos los datos del desarrollo de la economía en Alemania, la caída de la competitividad de la economía alemana, que es la principal economía de Europa. Se trata de datos claros, que no requieren comentarios».
En su explicación, Peskov atribuyó en buena medida esa pérdida de competitividad al cambio en la política energética alemana: según su argumento, Alemania dejó de comprar el «gas ruso barato» y comenzó a adquirir gas «muy caro», en ocasiones «varias veces más caro», de otros países, citando entre ellos a Estados Unidos. «Naturalmente los alemanes, una parte de los alemanes al menos, buscan una alternativa a las autoridades actuales para mejorar su situación», añadió, calificando el fenómeno como un «proceso natural».
Resultados provisionales y contexto político
Las primeras proyecciones situaron a AfD como primera fuerza en ese land nororiental con un porcentaje situado entre el 37,3 % y el 37,9 %, mientras que el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) quedaba en torno al 35,5 %–36 %. La CDU, por su parte, sufrió un desplome hasta situarse en algo más del 5 %, según esos datos preliminares del recuento.
El resultado supone un revés para la CDU en un territorio donde el SPD había sido tradicionalmente fuerte y coloca a AfD, crítico con las políticas actuales respecto a Rusia y la política energética, en una posición de mayor relevancia regional. AfD aboga por restablecer relaciones con Moscú, reanudar la compra de gas ruso, poner fin al apoyo militar a Ucrania y reducir el gasto en defensa, planteamientos que encuentran una acogida favorable en determinados sectores del «establishment» ruso, subrayó la nota de la Presidencia rusa.
Implicaciones económicas y geopolíticas
Las declaraciones del Kremlin vinculan de forma explícita decisiones políticas sobre suministro energético con resultados electorales y con el rendimiento económico. El argumento plantea dos ejes de análisis: por un lado, el coste para la competitividad industrial de la sustitución de suministros energéticos y, por otro, la influencia que cuestiones económicas nacionales pueden tener sobre el mapa político y la orientación exterior.
Sin aportar datos propios más allá de las observaciones citadas, Peskov relacionó el supuesto encarecimiento del gas importado con una erosión de la popularidad de las autoridades alemanas y con la búsqueda por parte de los votantes de «alternativas» políticas. A la espera de análisis económicos que cuantifiquen el impacto real en la competitividad, la intervención del Kremlin introduce un elemento adicional en el debate sobre energía, seguridad y política doméstica en Alemania.
- AfD: entre 37,3 % y 37,9 % (proyecciones iniciales).
- SPD: en torno al 35,5 %–36 %.
- CDU: caída a poco más del 5 %.
| Partido | Proyección (%) |
|---|---|
| AfD | 37,3–37,9 |
| SPD | 35,5–36,0 |
| CDU | ~5,0 |
Las palabras del Kremlin, aunque insistieron en que se trata de un asunto interno alemán, muestran el interés de Moscú por subrayar la relación entre política energética y resultados electorales en Europa. El reconocimiento implícito de que la política de suministro energético puede tener consecuencias económicas y políticas añade presión al debate sobre la seguridad del abastecimiento y su coste en los países consumidores.
El resultado en Mecklemburgo-Antepomerania y la lectura rusa sobre sus causas forman parte de un contexto europeo más amplio en el que las decisiones sobre energía, defensa y relaciones con Rusia siguen marcando la agenda política y económica de los Estados miembros.