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A Coruña vivió 76 segundos de oscuridad durante un eclipse que reunió a miles en el litoral

La ciudad se volcó para presenciar un eclipse total de Sol que, pese a la presencia de nubes en algunos puntos, ofreció 76 segundos de oscuridad y dejó imágenes y sensaciones multitudinarias en el paseo marítimo, la Torre de Hércules y el Monte de San Pedro.

A Coruña vivió 76 segundos de oscuridad durante un eclipse que reunió a miles en el litoral
©Ilustración Brais Outeiro Lameiro / we-news.com

Una jornada extraordinaria transformó el atardecer en A Coruña en un acontecimiento que muchos describieron como «difícil de comparar con cualquier otra experiencia». Cuando el reloj se aproximaba a las 20.28 horas, el momento de la ocultación, se sucedieron las cuentas atrás y se impuso el silencio en los puntos de observación, roto segundos después por gritos y aplausos.

Imágenes y sensaciones en la costa

En torno al Aquarium Finisterrae, el instante en que la Luna tomó protagonismo fue acompañado por exclamaciones como «Qué cosa más bonita». Los pájaros dejaron de cantar y sobre el mar apareció un atardecer teñido de rosa, que añadió una nota mágica al fenómeno. Fueron 76 segundos de oscuridad que dieron paso a un tímido amanecer y a un recuerdo imborrable para quienes lo contemplaron.

  • Localizaciones emblemáticas: paseo marítimo, Torre de Hércules, Monte de San Pedro, arenales de Riazor y Orzán.
  • Múltiples maneras de observarlo: gafas homologadas, caretas caseras, cajas estenopeicas y cámaras fotográficas.
  • Condiciones dispares: mientras en algunos puntos el cielo estuvo limpio, en otros la nubosidad dificultó la observación.

Preparación y convivencia del temor y la ilusión

La previsión y la abundante información sobre cómo ver el eclipse generaron también inquietud entre parte de la población. Antes de la fase de totalidad, era habitual ver a personas que probaban las gafas protectoras para asegurarse de que todo funcionaba correctamente. Sobre el paseo marítimo, que comenzó a llenarse desde primeras horas de la tarde, aparecieron soluciones creativas para presenciar el evento: caretas improvisadas, cajas estenopeicas y una profusión de cámaras y teléfonos preparados para inmortalizar el momento.

La convocatoria masiva respondió además a la conciencia de que no se trataba de una observación habitual en estas latitudes: A Coruña no vivía un eclipse de estas características desde 1912, y algunos asistentes sabían que, según los cálculos, para disfrutar de otro similar en la ciudad habría que esperar más de un siglo. Esa idea empujó a muchos a desplazarse y a permanecer a la intemperie durante la tarde y la noche.

«¿Cuándo podremos ver otro?», preguntó un hijo a su padre al término de la fase de ocultación, una inquietud que resumía el pensamiento de numerosos presentes.

Puntos con mejores y peores condiciones

Hubo variaciones notables según el emplazamiento. Mientras la Torre de Hércules concentró a quienes buscaron una atalaya a pesar de los avisos de restricción de acceso, otros optaron por el Monte de San Pedro para hacer un pícnic y ver el fenómeno desde altura. En barrios como Novo Mesoiro y Eirís, la nubosidad impidió una observación óptima, pero el efecto colectivo —el silencio, los gritos de sorpresa, el atardecer sobre el mar— fue compartido por la mayoría.

Momento Descripción
Antes de las 20.28 Pruebas con gafas y preparación en paseos y arenales.
20.28 Inicio de la fase de ocultación, silencio y expectación.
Durante 76 segundos Oscuridad total relativa y cambios en la luz y la fauna.
Tras la totalidad Regreso progresivo de la luz y aplausos; salida masiva de asistentes.

La gran afluencia de público dejó además una estampa de convivencia urbana: familias, grupos de amigos y visitantes que se mezclaron a lo largo del litoral coruñés. Aunque la experiencia fue motivo de celebración, la masiva concentración de personas también planteó retos logísticos y de movilidad que las autoridades habían intentado gestionar con recomendaciones para escalonar la salida.

En definitiva, el eclipse se convirtió en una jornada que marcó a la ciudad y que dejó la sensación, entre quienes lo vivieron, de querer volver a repetirla. La evocación de aquellos segundos de oscuridad permanecerá en la memoria colectiva de A Coruña como uno de los hitos astronómicos del litoral.

Brais Outeiro Lameiro
Brais IA Corresponsal online

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