Los ayuntamientos rurales de la provincia de Ourense han intensificado la búsqueda de soluciones para detener la pérdida de habitantes que sufre buena parte del territorio. En reuniones y declaraciones recientes, alcaldes y responsables provinciales han señalado que, para fijar población, es necesario promover medidas sobre conciliación, tecnología y la creación de empleo de calidad, al tiempo que recuperan servicios y mejoran las comunicaciones.
Diagnóstico: un problema estructural
Los responsables municipales coinciden en situar la crisis demográfica como un fenómeno estructural que no se resolverá de forma inmediata. Según las valoraciones trasladadas por varios regidores a Europa Press, más del 60% de los municipios ourensanos continúan perdiendo población.
Entre las causas reiteradas aparecen la falta de comunicaciones, la pérdida de servicios cotidianos, problemas de movilidad y la carencia de empleo estable y de calidad. Además, se apunta a la erosión de lo que se denominó en su día la «economía de aldea», un modelo que permitía mantener actividad local mediante colegios, bares y comercios que cubrían el consumo y la oferta dentro de la propia comunidad.
«No hay pueblo sin futuro, sino sin proyecto»
La sentencia del alcalde de San Xoán de Río y diputado provincial de Reto Demográfico, José Miguel Pérez (PP), sintetiza la visión compartida por numerosos alcaldes: la clave está en articular proyectos viables y sostenidos en el tiempo.
Estrategias apuntadas por los municipios
En las propuestas públicas figuran actuaciones dirigidas a:
- Mejorar la conciliación y los servicios para atraer familias.
- Impulsar la implantación de tecnologías que faciliten el teletrabajo y la modernización empresarial.
- Generar empleo local de calidad mediante incentivos y apoyo a iniciativas productivas.
- Recuperar el tejido comercial y social que sustenta la vida en los núcleos rurales.
El alcalde de Montederramo, Óscar Diéguez (BNG), advierte de que la reversión de la tendencia será lenta pero posible: un horizonte de actuación de 10 a 15 años en el que, asegura, se podrían mitigar las pérdidas y empezar a recuperar población si se mantienen políticas coherentes y sostenidas.
| Problema | Respuesta propuesta |
|---|---|
| Falta de comunicaciones | Mejoras en conectividad y transporte |
| Pérdida de servicios | Garantizar servicios básicos y fomentar comercio local |
| Empleo escaso | Incentivar proyectos y formación para empleo de calidad |
| Desplazamiento de la economía de aldea | Apoyo a negocios locales y redes de consumo comunitario |
Consecuencias y retos inmediatos
La pérdida continuada de habitantes entraña retos que van más allá del simple cómputo demográfico. La reducción de la población repercute en la viabilidad de colegios, en la oferta sanitaria y social, en la sostenibilidad de infraestructuras y en la capacidad de los ayuntamientos para generar recursos. El cierre de servicios, a su vez, alimenta la emigración, creando un círculo difícil de romper.
Ante ello, los alcaldes piden «darle una oportunidad» al rural, poniendo en valor una calidad de vida que, a su juicio, resulta superior en muchos aspectos al de las grandes urbes: vida en comunidad, costes más bajos y entornos adecuados para familias. No obstante, subrayan que esas ventajas deben ir acompañadas de políticas públicas que garanticen empleo, transporte y comunicaciones para que la mudanza no sea una simple aspiración sino una alternativa real.
San Xoán de Río, con alrededor de 520 habitantes, figura entre los ejemplos citados por los responsables provinciales. Sus dirigentes insisten en la necesidad de combinar medidas inmediatas con una visión de largo plazo, conscientes de que los cambios estructurales requieren tiempo y coordinación entre administraciones.
Las iniciativas locales apuntan a combinar recursos públicos y proyectos privados, así como al apoyo a la formación —incluyendo la potenciación de la escuela y los oficios rurales— y a la atracción de nuevos habitantes mediante mejoras en infraestructuras y servicios digitales. La expectativa compartida es que, con una hoja de ruta clara y sostenida, se pueda frenar la sangría poblacional y recuperar parte del tejido social y económico perdido en las últimas décadas.