En el acto conmemorativo por el paso a la inmortalidad del general José de San Martín, celebrado en San José, el gobernador Hugo Passalacqua reivindicó la obra del Libertador y la vinculó con una advertencia política dirigida al presente: dijo que la lucha de San Martín fue contra un sistema de poder concentrado —el absolutismo— y reivindicó la libertad como un valor colectivo.
Una condena al poder concentrado
Durante el discurso, Passalacqua explicó que la oposición del prócer no estuvo orientada contra personas de una nacionalidad concreta, sino contra la concentración de decisiones en una sola persona. Para graficar ese concepto rescató una frase histórica atribuida al monarca francés Luis XIV: “El Estado soy yo”, y la presentó como el paradigma del poder absoluto que San Martín combatió.
El gobernador trasladó esa reflexión a la actualidad y remarcó que la libertad que defendió el Libertador debe entenderse como un bien colectivo, no como un instrumento para que unos pocos ejerzan dominio sobre la mayoría. En sus palabras, la libertad no puede ser instrumento del opresor.
"San Martín peleó contra ese absoluto, entregó su vida por ese absoluto para que no vuelva, para que se vayan de América", dijo Passalacqua durante el acto.
Comunidad y proyecto común
Passalacqua retomó además una idea planteada por el intendente de San José, Jorge Gabriel “Kike” Tenaschuk, al subrayar que la idea de liberación sanmartiniana estaba asociada a la construcción de una comunidad. Según el gobernador, liberar no fue solo expulsar a quienes detentaban el poder extranjero, sino crear las condiciones para la convivencia y la participación colectiva.
En el escenario misionero —donde la selva y la frontera determinan ritmos de vida y economías familiares— ese llamado a la comunidad cobra un sentido práctico: la libertad entendida como bien común implica sostener instituciones y espacios de decisión que incluyan a chacareros, comunidades indígenas, trabajadores y comerciantes locales. El gobernador planteó la resistencia a cualquier intento de concentración excesiva de poder como una enseñanza vigente desde el siglo XIX.
Un mensaje con alcance regional
El acto en San José, además de recordar la figura histórica, se transformó en un escenario para que la dirigencia provincial repase nociones de ciudadanía y límites del poder. Passalacqua remarcó que la presión y el miedo son herramientas que el poder absoluto produce, y afirmó que siempre puede aparecer alguien con intención de establecer un nuevo “absoluto”.
- Lugar: San José
- Autor del discurso: Gobernador Hugo Passalacqua
- Motivo: Conmemoración del paso a la inmortalidad de José de San Martín
Lo que dejó la conmemoración
En términos simbólicos, el evento reforzó la lectura de San Martín como protagonista que, según Passalacqua, no solo buscó independencia formal sino también una transformación en las relaciones políticas y sociales. Esa lectura pone el acento en la necesidad de prevenir la concentración de autoridad personal en detrimento de los espacios deliberativos.
| Elemento | Mensaje |
|---|---|
| San Martín | Enemigo del absolutismo, promotor de libertad colectiva |
| Passalacqua | Advertencia sobre la vigencia del poder absoluto en la actualidad |
| Tenaschuk | Reforzó la idea de comunidad vinculada a la liberación |
La voz del gobernador llega desde la capital provincial hacia los rincones de la provincia, donde la rutina del trabajo en la chacra y la vida en la selva fronteriza dibujan preocupaciones concretas: servicios, caminos, educación y participación. Ese terreno cotidiano es, según sus palabras, el lugar donde se reafirma o se cuestiona la vigencia de la libertad como proyecto común.
El discurso no incluyó anuncios de políticas públicas concretas ni cifras; se centró en la interpretación histórica y la advertencia política. En el marco del homenaje a un prócer que sigue presente en la memoria colectiva, la intervención lanzó una invitación a repensar la libertad más allá del simbolismo, como condición para una convivencia democrática y plural.
La evocación de San Martín en San José, entonces, fue usada por la Gobernación para reforzar un relato sobre límites al poder personal y la necesidad de sostener la comunidad como horizonte político.