El Poder Ejecutivo oficializó una ampliación del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) que incorpora dos sectores clave: la obra pública ferroviaria y proyectos tecnológicos que introduzcan productos nuevos con condiciones predeterminadas. La medida, publicada en el Boletín Oficial, llega en el marco del proceso de apertura al sector privado del transporte ferroviario de cargas, que incluye la licitación del Belgrano Cargas.
Qué cambia para el ferrocarril y qué queda fuera
En materia ferroviaria, el decreto delimita qué tipos de intervenciones podrán acogerse al RIGI y cuáles no. Quedan alcanzadas por el régimen las inversiones destinadas a la renovación, sustitución, transformación o desarrollo de infraestructura existente, así como la incorporación de infraestructura nueva. En concreto, entre los trabajos admitidos se mencionan —sin agotar la lista—:
- Duplicación de vías en trazas ya existentes.
- Rehabilitación de ramales que hoy están fuera de servicio.
- Renovación integral de puentes y alcantarillas.
- Instalación o renovación de sistemas de señalamiento automático.
- Electrificación de trazados.
En cambio, el texto excluye del beneficio las partidas destinadas exclusivamente al mantenimiento y conservación de la infraestructura preexistente. Esa distinción busca orientar los incentivos hacia proyectos de expansión o transformación, y no hacia gastos corrientes de operación y preservación.
Condiciones para que empresas tecnológicas accedan al RIGI
La otra novedad sustantiva del decreto es la posibilidad de que firmas del sector tecnológico se adhieran al régimen cuando presenten una “ampliación de un proyecto preexistente” que implique la incorporación de un producto nuevo. Para eso se fijaron requisitos técnicos y económicos:
- El nuevo bien debe diferenciarse de los ya producidos por la empresa en al menos el 50% de sus componentes, medidos en valor.
- La inversión mínima computable para ese producto es de USD 250 millones.
- El bien deberá tener un ciclo de vida comercial y tecnológico declarado como igual o inferior a 10 años, acreditado mediante un informe técnico emitido por un profesional independiente que justifique el horizonte de obsolescencia.
| Requisito | Detalle |
|---|---|
| Diferenciación | ≥ 50% de componentes distintos (en valor) |
| Inversión mínima | USD 250.000.000 |
| Ciclo de vida | ≤ 10 años, con informe técnico independiente |
Contexto y consecuencias previsibles
La extensión del RIGI al ámbito ferroviario coincide con el avance de la licitación que fragmentó la operación del Belgrano Cargas en ramales y procesos independientes. Al incluir obras ferroviarias en el régimen, el Gobierno pretende atraer capitales privados para trabajos de mayor envergadura y transformación de infraestructura, no sólo para su mantenimiento. Eso puede acelerar proyectos de rehabilitación y modernización de tramos, señalamiento y electrificación que requieren montos relevantes y plazos largos.
En el plano tecnológico, los requisitos impuestos muestran la intención de evitar que el beneficio se utilice para inversiones marginales o simples actualizaciones. La exigencia de una inversión mínima elevada y la necesidad de probar una diferencia sustantiva en componentes buscan que el régimen sirva para atraer desarrollos de escala, con impacto productivo y exportador. Al mismo tiempo, el tope de vida útil máximo de 10 años obliga a justificar la viabilidad comercial y el riesgo de obsolescencia, una preocupación legítima en sectores con ciclos rápidos.
Estas reglas equivalen a poner un filtro: sólo proyectos de alto capital y con una justificación técnica robusta podrán acceder a los incentivos. Eso reducirá la cantidad de beneficiarios potenciales, pero aumentará la exigencia de selectividad y control sobre las inversiones apoyadas.
La reglamentación deja abiertas preguntas operativas: cómo se verificará en la práctica la diferencia del 50% en componentes, quién será el órgano evaluator y qué criterios aplicarán para validar los informes de obsolescencia. También plantea un desafío fiscal: el Estado deberá equilibrar la concesión de exenciones o estímulos con la necesidad de obtener resultados concretos en empleo, producción y modernización de infraestructura ferroviaria.
En definitiva, la norma orienta al RIGI hacia proyectos de transformación y de gran escala. El impacto real dependerá ahora de cómo se implementen los mecanismos de evaluación y seguimiento, y de la respuesta del sector privado a estas condiciones.