Las principales presas del norte de Guerrero registran niveles considerablemente inferiores a los de años recientes, situación que autoridades y habitantes atribuyen a la escasez de lluvias en las últimas semanas y que ya comienza a tener efectos en el suministro local y en la disponibilidad para riego.
Datos actuales y comparación con años previos
De acuerdo con datos de la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) recabados por medios locales, la presa Valerio Trujano —ubicada en el municipio de Tepecoacuilco— se encontró recientemente con apenas el 27% de su capacidad. En tanto, la presa Carlos Ramírez Ulloa (conocida como El Caracol) en el municipio de Apaxtla, destinada a la generación de energía y administrada por la Comisión Federal de Electricidad, presenta alrededor del 50% de llenado.
Los registros resaltan que la situación actual es notablemente peor que en años previos: por ejemplo, en agosto de 2024 la presa El Caracol estaba al 80% y en 2013 llegó a registrar niveles del 90% en el mismo mes.
Otras presas y variación entre cuencas
En la región de la Tierra Caliente, la presa de Arcelia (Vicente Guerrero) reportó cerca del 50% de su capacidad, mientras que la presa Andrés Figueroa —también denominada presa de las Garzas, en Ajuchitlán— alcanza aproximadamente el 72%. Por contraste, la presa del Gallo, en el municipio de Cutzamala, se encontraba al 99%, favorecida por aportes provenientes del Estado de México, donde las lluvias han sido más regulares.
| Presa | Municipio | Nivel (%) |
|---|---|---|
| Valerio Trujano | Tepecoacuilco | 27 |
| Carlos Ramírez Ulloa (El Caracol) | Apaxtla | ~50 |
| Arcelia (Vicente Guerrero) | Arcelia | 50 |
| Andrés Figueroa (Las Garzas) | Ajuchitlán | 72 |
| El Gallo | Cutzamala | 99 |
Impactos esperados y población afectada
La baja en los embalses puede traducirse en restricciones para el riego agrícola, menor disponibilidad de agua para uso doméstico en comunidades cercanas y limitaciones temporales en la generación de energía hidroeléctrica en plantas vinculadas al acopio de esas presas. Municipios como Iguala y Tepecoacuilco ya figuran entre los más afectados por la disminución de agua superficial, lo que eleva la probabilidad de declarar condiciones de sequía moderada.
- Riego agrícola: cultivos de temporal podrían resentir la escasez si no llegan lluvias oportunas.
- Abasto de agua potable: comunidades rurales podrían enfrentar racionamientos o mayor dependencia de camiones cisterna.
- Generación eléctrica: presas como El Caracol, utilizadas para energía, operan por debajo de su rendimiento óptimo.
Contexto histórico y vulnerabilidad regional
Los registros comparativos con 2013 y 2024 muestran que la variabilidad climática incide fuertemente en los niveles de almacenamiento. La región norte de Guerrero combina una dependencia significativa de agua superficial con sistemas de riego y abastecimiento que carecen, en varios puntos, de alternativas robustas frente a períodos secos.
Especialistas en clima y recursos hídricos suelen señalar que episodios como el actual no solo responden a una temporada puntual de pocas lluvias, sino a tendencias de mayor irregularidad en las precipitaciones que exigen una planificación hídrica más flexible y medidas de conservación.
Medidas y recomendaciones
Ante el panorama, autoridades municipales y estatales deberán reforzar acciones de gestión del agua, priorizar el suministro humano y evaluar esquemas de apoyo para el campo. Entre las medidas prácticas recomendadas destacan:
- Monitoreo constante del nivel de presas y alertas tempranas comunitarias.
- Programas de racionamiento temporales focalizados en zonas más vulnerables.
- Promoción de prácticas de ahorro en el uso doméstico y agrícola (riego por goteo, mantenimiento de infraestructura de riego).
La información oficial sobre niveles y pronósticos hidrometeorológicos seguirá siendo clave en las próximas semanas. La llegada de lluvias en septiembre, históricamente la temporada más activa, será determinante para la recuperación de los embalses; hasta entonces, poblaciones y autoridades enfrentan una ventana de riesgo que exige coordinación y medidas preventivas.