El psiquiatra José Luis Marín atribuye parte del aumento de los problemas de salud mental observados en las últimas décadas a la rapidez con la que la sociedad se ha transformado desde la llegada masiva de Internet y la hiperconexión. Desde su experiencia clínica de medio siglo, sostiene que la escala temporal de esos cambios ha sido extraordinariamente breve y plantea que esa aceleración tiene consecuencias tangibles en la salud y en la educación.
Rapidez del cambio y adaptación biológica
Marín describe el fenómeno como un choque entre la velocidad del cambio social y la capacidad de adaptación del organismo humano. Comparando los últimos veinte años con periodos históricos mucho más amplios, advierte que procesos anteriores —como revoluciones agrícolas o industriales— se desarrollaron a lo largo de siglos, mientras que la digitalización y la expansión de la conectividad han modificado hábitos de trabajo, relaciones y ocio en apenas dos décadas.
«La sociedad ha cambiado más en los últimos 20 años que en los últimos 20.000», dijo Marín en el pódcast Tiene sentido.
Para el especialista, ese desfase temporal lleva aparejada una «factura» que no siempre se reconoce: mayor prevalencia de ansiedad y depresión, incremento en el consumo de psicofármacos y dificultades crecientes en el ámbito escolar. Marín no plantea estas cuestiones como la única explicación de los trastornos, pero sí como un factor relevante que marca la salud colectiva.
Crítica al sistema educativo y propuestas prácticas
En su análisis, Marín también pone el foco en el sistema educativo, al que acusa de mantener estructuras y objetivos que responden a épocas anteriores, sin adaptar criterios metodológicos y formativos a las transformaciones sociales recientes. Cita el foco excesivo en las calificaciones como ejemplo de un desajuste entre lo que la sociedad necesita hoy y lo que la escuela evalúa.
Como respuesta a estos retos, propone priorizar hábitos básicos que favorezcan la adaptación biológica y el bienestar. Entre las recomendaciones que plantea figuran medidas sencillas y orientadas al día a día, que según él pueden contribuir a mitigar parte del malestar asociado a la hiperconexión:
- Dormir las horas necesarias y con higiene del sueño adecuada.
- Caminar y mantener actividad física regular.
- Exponerse a la luz solar de forma cotidiana.
- Alimentación ordenada y ritmos regulares de comida.
- Reservar momentos de silencio y desconexión digital.
Consecuencias y debate público
La advertencia de Marín conecta con debates ya en curso sobre la salud mental pública, la regulación de las plataformas digitales y la adaptación de servicios sanitarios y educativos a nuevas realidades. Su planteamiento sugiere que las políticas deben contemplar no solo intervenciones clínicas, sino también medidas preventivas y cambios en los entornos y rutinas cotidianas que favorezcan la resiliencia individual y colectiva.
El psiquiatra evita reducir la explicación a una sola causa, pero insiste en que aceptar la rapidez del cambio como un factor central obliga a replantear prioridades: tanto en la planificación educativa como en las estrategias de salud pública, sería necesario incorporar el impacto de la hiperconexión y los estímulos digitales sobre el desarrollo y el bienestar.
| Problema señalado | Propuesta/Medida |
|---|---|
| Aumento de ansiedad y depresión | Fomentar hábitos de sueño y desconexión |
| Consumo de psicofármacos | Prevención y pautas no farmacológicas |
| Dificultades educativas | Revisar objetivos y metodologías escolares |
La intervención de Marín abre preguntas sobre cómo deben responder las instituciones y la sociedad a una transformación que, según su diagnóstico, ha sido intensa y rápida. El debate se extiende desde los despachos políticos a las aulas y las consultas médicas, y exige, según el psiquiatra, combinar atención clínica, políticas públicas y cambios en los hábitos cotidianos para afrontar la «factura» de la era digital.