En el centro de Pozuelo de Alarcón existe una rotonda cuyo nombre despierta la curiosidad de quienes la transitan: rotonda Antoñito «El Quiosquero». El homenaje al vendedor de prensa responde a una trayectoria profesional y humana que se prolongó durante más de cuarenta años y que dejó huella en varias generaciones de vecinos.
Un oficio heredado y reconocido
Antonio López Gómez, nacido en 1942 y popularmente conocido como Antoñito «El Quiosquero», también fue apodado «El señor de los papeles» o «El Papelero». La venta de periódicos fue una profesión familiar: su línea paternal se remonta a finales del siglo XIX. Según los datos conocidos, la familia dedicó a este oficio hasta seis generaciones, con antecedentes en la venta de prensa desde aproximadamente 1890.
Antoñito inició su actividad muy joven ayudando a su padre y, en junio de 1974, con 34 años, emprendió por su cuenta la venta desde un quiosco propio. Su puesto se ubicó, durante años, en Pozuelo Estación, frente a la papelería El Broche de Oro y un bar entonces llamado Norte. Sus métodos reflejaban la época: levantarse a las cinco de la mañana para recoger los ejemplares, montar el puesto sobre una mesa sencilla y cobrar el precio del periódico —en su momento señalado como una «peseta y media»— depositado en una lata.
«Llévese el periódico, pero páguelo»
Del quiosco a la rotonda: memoria urbana
El cariño y el reconocimiento hacia Antoñito fue tal que el ayuntamiento decidió denominar una de las glorietas más transitadas con su nombre. La rotonda Antoñito «El Quiosquero» sirve hoy como recordatorio visible de una profesión que formó parte del pulso diario de Pozuelo de Alarcón y de la presencia cotidiana de personas que contribuyeron a la vida comunitaria.
El homenaje no surge solo por una trayectoria profesional; forma parte de la memoria colectiva de vecinos que, en momentos de riesgo para la permanencia de su quiosco —por ejemplo, ante el anuncio de la llegada de un centro comercial que amenazó su continuidad—, se movilizaron para evitar su desaparición. Ese apoyo vecinal reforzó la percepción de Antoñito como figura representativa del municipio.
Por qué perdura el recuerdo
Varios factores explican que la figura de Antoñito continúe presente en el paisaje pozueleño:
- Trayectoria prolongada: más de cuatro décadas de servicio diario a la comunidad.
- Raíz familiar: un oficio transmitido a lo largo de generaciones, con antecedentes desde 1890.
- Vínculo vecinal: apoyo ciudadano en momentos de riesgo y trato cercano con clientes de distintas edades.
- Visibilidad pública: la rotulación de una rotonda en su nombre consolida su presencia en el urbanismo local.
| Dato | Referencia |
|---|---|
| Año de nacimiento | 1942 |
| Año de inicio como quiosquero independiente | 1974 (junio) |
| Antecedentes familiares | Venta de prensa desde circa 1890 (seis generaciones) |
| Rotonda conmemorativa | Nombrada en el centro de Pozuelo de Alarcón; inauguración documentada en 2018 |
El reconocimiento de personajes como Antoñito pone de manifiesto la manera en que la identidad de un municipio se construye también desde los oficios cotidianos y las relaciones de proximidad. La rotonda que lleva su nombre funciona como un marcador urbano que invita a recordar no solo a un vendedor de periódicos, sino a las costumbres y a la sociabilidad que configuraron el Pozuelo de otras décadas.
La historia de Antoñito «El Quiosquero» es, en definitiva, la de una vida dedicada a la venta de prensa y al trato diario con la ciudadanía, capaz de generar un recuerdo perdurable que ahora ocupa un espacio físico en el mapa municipal.