En una tarde que mezcló reconocimiento popular y críticas sobre la técnica, Pablo Aguado salió a hombros por la Puerta del Príncipe de la Maestranza sevillana después de cortar orejas y convertir la petición en triunfo, aunque no faltaron reproches a la eficacia de su labor. La corrida, con toros de Jandilla, dejó impresiones encontradas: emoción en los tendidos y cuestionamientos sobre los méritos reales para la salida a hombros.
La función y sus vaivenes
La actuación de Aguado arrancó con cierta agitación: su primero fue recibido con verónicas algo atropelladas y sufrió un percance tras las chicuelinas de De Justo, que propició una voltereta del animal y momentos de inquietud en el ruedo. La circunstancia inicial no impidió que el sevillano hilvanara después series de muletazos con temple, alternando derechazos que conectaron con la grada y algunos trazos a la izquierda de menor lucimiento.
La faena, descrita por parte del público como cargada de empaque y gusto, convivió con notas de advertencia: el toro recibió avisos y, en el sexto, la ceremonia de la muerte se prolongó por la necesidad de tres descabellos para rematar la lidia. Pese a esas irregularidades, la empresa de Aguado ganó adhesiones suficientes para que la presidencia accediera a conceder el segundo trofeo en el primero y la oreja que cerró su salida a hombros.
Estética frente a eficacia
En el análisis artístico, Aguado apeló a la naturalidad como arma principal, un rasgo que fue asociado inmediatamente con su recordado triunfo del 10 de mayo de 2019, también con toros de Jandilla, cuando obtuvo cuatro orejas en La Maestranza. Hoy reapareció esa búsqueda de la naturalidad: planta erguida, muleta adelantada para que el toro no alcanzara el engaño y series que buscaron el dibujo y el empaque. Sin embargo, parte del público y la crítica señalaron que la estética no siempre se acompañó de dominio pleno sobre el caballo ni de una culminación contundente en la suerte suprema.
Además del toreo de muleta, la tarde incluyó colaboraciones destacadas en otros tercios: el tercio de banderillas contó con una actuación señalada de Iván García, que fue relevante para la emotividad que se vivió en las gradas. La conjunción entre las aportaciones del resto del equipo y la capacidad de seducción de Aguado fue determinante para que la plaza ovacionara y, finalmente, premiara su actuación.
- Plaza: La Maestranza (Sevilla).
- Ganadería: Jandilla.
- Actuaciones destacadas: Pablo Aguado (torero), Iván García (banderillas), De Justo (cuadrilla y lidia inicial).
Recepción y consecuencias
La reacción de los tendidos fue vital para el desenlace: la plaza, emocionada en varios momentos de la tarde, impulsó la concesión de los trofeos hasta culminar en la salida a hombros. Para Aguado, el triunfo refuerza su vínculo con La Maestranza y alimenta su leyenda personal, aunque la corrida dejó cuestiones abiertas sobre su capacidad para mantener la continuidad técnica en estas citas de máximo relieve.
Desde el punto de vista taurino, la jornada plantea un debate recurrente: el peso de la estética y el embrujo en la valoración pública frente a la exigencia de contundencia en la lidia. En tiempos en que la afición y la crítica evalúan con rigor la integridad del toreo, actuaciones como la de hoy sirven para recordar que el triunfo puede depender tanto del embrujo que se logra en los tendidos como de la exactitud en los momentos decisivos.
| Elemento | Detalle |
|---|---|
| Ganadería | Jandilla |
| Premios | Orejas que propiciaron salida a hombros |
| Incidencias | Dos avisos, tres descabellos en el sexto |
En suma, la tarde se cerró con la satisfacción de muchos asistentes y con argumentos para la polémica: la estética de Aguado sedujo y la plaza lo acompañó hasta la Puerta del Príncipe, aunque la eficacia en la suerte suprema y las imprecisiones registradas dejan aún materia de debate entre aficionados y críticos.