En Quito, una sala de la Embajada del Perú llamada Qhapaq Ñan abrió sus muros a una muestra conjunta de máscaras rituales de Ecuador y Perú que, además de ser una propuesta estética, funciona como testimonio de un proceso histórico: los 28 años transcurridos desde la firma del acuerdo que puso fin a un largo diferendo fronterizo entre ambas naciones.
Máscaras como memoria y reconciliación
La exposición "Nuestros Rostros. Máscaras rituales del Ecuador y el Perú" agrupa piezas que representan diablos, año viejo, zorros, ángeles y otras figuras que forman parte de celebraciones y rituales locales. Colgadas en la sala, las máscaras aparecen como rostros congelados de un carnaval que sigue vivo en las prácticas sociales y religiosas de ambas naciones.
El montaje —realizado por la Embajada del Perú en Quito— fue instalado en la sala Qhapaq Ñan, situada en el centro económico de la capital ecuatoriana, y se plantea como parte de las conmemoraciones por los 28 años sin conflicto armado entre Ecuador y Perú.
Un puente entre 150 años de conflicto y la paz de 1998
El contexto histórico es un eje central de la muestra. Según el texto curatorial, hizo falta casi ciento cincuenta años de guerra para que ambas naciones aprendieran a compartir sus iconografías y rituales. El punto de inflexión fue la firma del acuerdo de paz el 26 de octubre de 1998, en el Palacio de Itamaraty en Brasilia, donde los entonces presidentes Jamil Mahuad y Alberto Fujimori rubricaron el tratado que puso fin a décadas de disputas fronterizas.
| Acontecimiento | Fecha |
|---|---|
| Acuerdo de paz entre Ecuador y Perú | 26 de octubre de 1998 |
| Años de conflicto aproximados | ~150 años |
Lo ritual como espejo social
La curaduría apuesta por mostrar cómo una amalgama forjada por el mestizaje y un catolicismo sincretizado dio origen a criaturas que necesitan de un portador para cobrar vida. En palabras de la crónica que documenta la exposición:
"Una amalgama finamente forjada por siglos de mestizaje y por un catolicismo perfectamente sincretizado con las creencias originales de nuestras regiones"— frase que resume la intención de dar cuenta del trasfondo cultural que nutre estas piezas.
El resultado es una sala cuyas paredes se pintaron en tonos que evocan paisaje —caqui, ocre y un azul que desciende hasta el mar— un intento de contextualizar las piezas dentro de un imaginario común andino y costero.
Relevancia para La Paz y el contexto sudcaliforniano
Aunque la muestra está instalada en Quito, su discurso sobre identidad, memoria y convivencia es pertinente para ciudades como La Paz, donde la mezcla de tradiciones indígenas, mestizas y católicas también configura expresiones festivas y rituales. Para la audiencia paceña interesa observar cómo el patrimonio material (máscaras, vestuarios, música) se vuelve un instrumento de diálogo entre comunidades que históricamente estuvieron enfrentadas.
En términos museográficos y educativos, la exposición ofrece un modelo replicable para promover el diálogo cultural local: poner en diálogo piezas que, por su valor simbólico, facilitan conversaciones sobre reconciliación, patrimonio intangible y derechos culturales.
Qué ofrece la muestra al público
- Visibilidad de prácticas rituales compartidas entre Ecuador y Perú.
- Un recorrido visual por la diversidad iconográfica de las celebraciones andinas y costeras.
- Una invitación a pensar las expresiones festivas como documentos de memoria colectiva.
La exhibición, además, es evocadora de un gesto político: el uso del arte y la cultura como herramientas para consolidar procesos de paz. Para los pobladores de La Paz y la región noroeste de México, la experiencia ofrece insumos para repensar cómo las tradiciones locales pueden dialogar con sus pares latinoamericanos y cómo el patrimonio intangible contribuye a la cohesión social.
La muestra permanecerá abierta al público en la sala Qhapaq Ñan de la Embajada peruana en Quito como parte de la programación conmemorativa; su existencia funciona como recordatorio de que, más allá de los acuerdos diplomáticos, la convivencia se construye también en las plazas y en los rituales que fundan identidades.