En Puerto Limón, Putumayo, la figura de Fátima Muriel se reconoce por su capacidad para transformar el dolor colectivo en organización y acción. Madre, docente y lideresa, Muriel es la fundadora de la Alianza de Mujeres Tejedoras de Vida del Putumayo, un movimiento que agrupa a 65 organizaciones y suma más de 3.000 integrantes, según los registros de la Red.
Una trayectoria personal que encontró cauce colectivo
Muriel, nacida en Puerto Limón y con 76 años de edad, llegó a liderar este proceso a partir de experiencias personales y profesionales que la pusieron en contacto directo con las consecuencias del conflicto armado y las violencias basadas en género. Funcionaria como supervisora de educación departamental, viajaba por 13 municipios del Putumayo, vía carreteras y ríos, donde no solo fiscalizaba el funcionamiento de las instituciones educativas, sino que escuchaba las historias de vida de las madres y las comunidades.
En ese recorrido encontró relatos de despojo, violencia y duelo: dos de sus doce hermanos fueron asesinados; ella y su esposo perdieron la finca familiar y debieron desplazarse tras un atentado y un secuestro que dejaron al esposo con graves secuelas. Además, fue testigo de la muerte de docentes y líderes locales y de los efectos sobre mujeres embarazadas de las aspersiones con glifosato.
De la escucha a la organización
En el año 2000, en el contexto del inicio del Plan Colombia —campaña estatal para combatir el narcotráfico y la presencia de grupos armados—, Muriel se propuso canalizar las historias individuales hacia una respuesta colectiva. Aprovechó la formación académica que cursó en España en una maestría en Asuntos de Género y Estudios de las Mujeres para construir herramientas conceptuales y metodológicas que le permitieran acompañar procesos de sanación y organización.
Con una mezcla de formación, sensibilidad y una gran capacidad para recibir y sostener el relato ajeno, Muriel impulsó la conformación de la Red. Su enfoque mira menos al asistencialismo puntual y más a consolidar espacios donde las mujeres puedan reconocerse, narrar sus trayectorias y encontrar estrategias compartidas para incidir en sus territorios.
¿Qué hace la Alianza de Mujeres Tejedoras de Vida?
La Red se ha consolidado como el movimiento de defensa de los derechos de las mujeres más representativo del suroccidente colombiano, según la descripción de su propia trayectoria. Su trabajo se centra en recuperación emocional, defensa de derechos y acción colectiva para enfrentar las distintas expresiones de la violencia que han marcado a la región.
- Promoción de espacios de acompañamiento psicosocial y redes de apoyo comunitario.
- Formación en perspectiva de género y derechos humanos para lideresas locales.
- Incidencia en políticas locales para garantizar la reparación y protección de mujeres víctimas.
Impacto y reconocimiento
La red, integrada por 65 agrupaciones y más de 3.000 mujeres, ha ganado visibilidad por su capacidad de articular iniciativas en municipios dispersos y por convertir la experiencia individual del dolor en estrategias de cuidado colectivo. Esa construcción colectiva ha permitido que muchas mujeres reconozcan en la palabra de otras la posibilidad de sanar y de actuar juntas.
| Dato | Valor |
|---|---|
| Organizaciones vinculadas | 65 |
| Integrantes aproximadas | Más de 3.000 |
| Año clave (inicio del Plan Colombia) | 2000 |
| Lugar de origen de la lideresa | Puerto Limón, Putumayo |
Lecciones desde lo local
El caso de Muriel y la Alianza confirma que la organización comunitaria puede convertirse en un mecanismo de reparación y prevención: reúne a mujeres que han sido afectadas por distintas manifestaciones de la violencia, les ofrece herramientas para nombrar lo vivido y las organiza para exigir derechos. Esa dinámica combina la atención al trauma con la construcción de capacidad política y social.
La experiencia también subraya la importancia de las lideresas locales que, con recursos limitados y en contextos complejos, logran generar redes sostenibles. Muriel no solo acompañó procesos de vida sino que aportó formación y un estilo de liderazgo que integra escucha, firmeza y humor, rasgos que la comunidad reconoce como distintivos.
Para muchas integrantes de la Red, la Alianza es un espacio de protección y aprendizaje; para la región, una muestra de que la acción colectiva puede traducirse en mayor visibilidad y en la exigencia de políticas que respondan a las necesidades específicas de las mujeres en el Putumayo.