Un vecino de Dos Hermanas vive desde hace años atrapado en su propia vivienda al carecer el edificio de ascensor y haber sufrido la amputación de ambas piernas. El hombre, de 52 años y con nacionalidades eslovaca y venezolana, se desplazó a España por razones sanitarias y, tras una sucesión de problemas médicos, se encuentra confinado en un piso de alquiler en la calle Torre del Paso que no reúne las condiciones de accesibilidad necesarias.
Situación económica y sanitaria
Según el testimonio recogido, reside en un inmueble sin elevador, en un segundo piso, y el piso tiene alrededor de 40 m2. Comparte el pago del alquiler —900 euros al mes— con su hermano. Su única renta regular es el Ingreso Mínimo Vital (IMV), por un importe aproximado de 700 euros, con lo que la carga económica del alquiler le resulta insostenible para lograr una vivienda más adecuada.
| Concepto | Dato |
|---|---|
| Edad | 52 años |
| Tamaño del piso | ≈ 40 m2 |
| Alquiler mensual | 900 € (compartido con su hermano) |
| Ingreso habitual | 700 € (IMV) |
| Discapacidad reconocida | 75% (a la espera de resolución para alcanzar el 100%) |
| Frecuencia de diálisis | 3 veces/semana (martes, jueves y sábado) |
Historia clínica y limitaciones
El afectado narró que llegó a España hace casi una década en busca de insulina y atención médica que no encontraba en Venezuela. Desde entonces ha sufrido al menos dos infartos y una caída grave en 2022 que le mantuvo tres semanas hospitalizado. A raíz de complicaciones relacionadas con la diabetes perdió primero dos dedos del pie y, posteriormente, sufrió la amputación de una pierna después de una intervención. La segunda pierna se perdió tras una llaga tratada durante sesiones de diálisis.
«Hace casi diez años vine para España buscando insulina... Pero tres días antes de regresar me dio un infarto, y aquí llevo otros dos infartos»
Por su situación clínica, el hombre depende de la asistencia regular de ambulancias para desplazarse al hospital: sale de casa los martes, jueves y sábados y es ayudado por dos enfermeros para bajar y subir las escaleras hasta la ambulancia. Fuera de esos traslados apenas abandona el domicilio.
Condiciones del hogar y demandas
El piso donde vive carece de baño adaptado, por lo que utiliza una silla especial con un orificio y una bolsa para atender sus necesidades fisiológicas, lo que evidencia la falta de adaptación básica para una persona con movilidad reducida. Ante esta situación, pide expresamente una vivienda con ascensor o, preferiblemente, en planta baja, que le permita mantener una mínima calidad de vida y autonomía.
- La ausencia de ascensor obliga a intervenciones de personal sanitario para cada traslado.
- El tamaño reducido del inmueble y la falta de adaptación sanitaria complican su atención diaria.
- La diferencia entre el alquiler y su ingreso mensual dificulta el acceso a una alternativa habitacional.
Implicaciones y contexto local
El caso pone de relieve dos problemas persistentes en municipios como Dos Hermanas: la insuficiente oferta de viviendas sociales y adaptadas para personas con discapacidad y la presión del mercado de alquiler sobre ingresos bajos. La compatibilidad entre los ingresos de prestaciones como el IMV y los precios del alquiler es un reto que dificulta la movilidad residencial de quienes requieren adaptaciones técnicas o accesibilidad en planta.
Fuentes cercanas a la persona intentan facilitar apoyos y visibilizar su situación, pero el desplazamiento al hospital en ambulancia tres días por semana y la dependencia para entrar y salir del domicilio subrayan la necesidad de medidas más ágiles, tanto en materia de asignación de vivienda adaptada como de programas municipales de accesibilidad para edificios sin ascensor.
El relato también refleja la intersección entre problemas de salud crónicos —como la diabetes y la insuficiencia renal que requiere diálisis— y vulnerabilidad social, un aspecto que las administraciones locales y autonómicas suelen abordar de manera coordinada con servicios sociales y sanitarios. En este caso, la persona aguarda soluciones que le permitan, al menos, mayor dignidad y autonomía dentro de su entorno habitual.