El terremoto que sacudió la región el 10 de agosto fue, según especialistas locales, un movimiento sísmico cuya posibilidad ya había sido identificada en estudios previos. Carlos Arturo García Ocampo, ingeniero civil geotecnista y director de la maestría en gestión del riesgo de desastres de la Universidad del Quindío, afirmó que el evento correspondió a un proceso de subducción detectado con anterioridad y advirtió que la amenaza sísmica en la zona sigue siendo latente.
Un sismo esperado, pero sin fecha
García Ocampo explicó que varios análisis de fuentes sismogénicas habían señalado la posibilidad de un sismo originado en la zona del Chocó. No obstante, recalcó la imposibilidad de precisar cuándo ocurriría un evento de esa naturaleza. Esa previsión científica, dijo, no equivale a determinar fecha u hora, pero sí situó a la comunidad técnica sobre la eventualidad del fenómeno.
“Primero que todo, yo quiero decir que este era un sismo esperado. Sí, era un sismo de subducción que hacía algún tiempo se había dicho que podía pasar… No podemos decir fecha y hora, pero sí se sabía que iba a ocurrir.”
El ingeniero atribuyó a trabajos de investigadores regionales, entre ellos profesionales ya fallecidos, la identificación rigurosa de las fuentes sismogénicas que podían afectar a Armenia y sus alrededores.
Impacto y comparaciones históricas
A nivel de afectación, García Ocampo señaló contrastes con el terremoto de 1999: aunque hubo daños y al menos una persona fallecida en Armenia, la destrucción de viviendas no alcanzó la magnitud de aquel episodio. El experto relacionó esa diferencia con cambios en prácticas de construcción y con una mayor cultura de prevención en la población.
Entre las cifras que circulan en evaluaciones iniciales tras el sismo figuran: que una proporción elevada de la infraestructura física del departamento resultó afectada y que decenas de miles de personas quedaron damnificadas. En el caso de la Universidad del Quindío, se reportó que alrededor del 60 % de las edificaciones de la sede principal presentaron daños que motivaron la suspensión temporal de la presencialidad.
| Dato | Valor (reportado) |
|---|---|
| Porcentaje de edificaciones afectadas en la sede universitaria | 60 % |
| Personas damnificadas (cifra reportada en fuentes) | 29.000 |
| Porcentaje global de infraestructura con algún daño (mención inicial) | 80 % |
Avances en preparación y recomendaciones
El ingeniero celebró lo que calificó como un avance en la cultura de sismorresistencia en Armenia: mejores diseños y prácticas constructivas, así como mayor preparación ciudadana. Mencionó acciones simples pero efectivas de autocuidado y respuesta inmediata, como portar elementos básicos de emergencia.
- Contar con un kit de emergencia (linterna y pito, entre otros).
- Planificar y practicar rutas de evacuación en hogares y centros de trabajo.
- Realizar evaluaciones técnicas de las edificaciones por profesionales certificados.
García Ocampo además respaldó decisiones institucionales recientes que priorizan la integridad física de la comunidad académica, como la adopción de modalidades educativas temporales y la realización de encuestas de caracterización para atender necesidades específicas de estudiantes y docentes.
Balance y desafíos
Aunque el especialista valoró la menor destrucción comparada con 1999, advirtió que la persistencia de la amenaza sísmica exige mantener acciones sostenidas en materia de gestión del riesgo. Entre los retos señaló la necesidad de continuar mejorando las normativas de construcción, fortalecer los procesos de microzonificación urbana y ampliar la capacitación comunitaria para la respuesta frente a nuevos eventos.
En resumen, para los expertos consultados en Armenia el temblor del 10 de agosto confirma hipótesis científicas previas y pone de relieve tanto los avances como las brechas existentes en prevención y resiliencia. La recomendación central es clara: el hecho de que ya haya ocurrido un sismo no reduce la posibilidad de futuros eventos, por lo que la preparación y la inversión en mitigación deben mantenerse.